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A propósito de las ambulancias

En las viejas calles de Londres o Nueva York pueden apreciarse, al lado de los portales de casonas y edificios, unas placas en bronce con la siguiente inscripción: "Esta edificación está protegida por la compañía de seguros ..(un nombre)." Tales placas eran necesarias, dado que los cuerpos de bomberos fueron creadas por las compañías de seguros, cuando estas empresas fueron más allá de los tradicionales seguros navieros y desarrollaron el ramo de incendio, en los siglos XVIII y XIX.

Lo anterior significaba que si la compañía de bomberos, apéndice de la respectiva aseguradora, pasaba ante una edificación incendiada que no era asegurada por su compañía, simplemente seguía de largo, dejando a víctimas posibles, ciudadanos y propietarios, a merced de las llamas. La historia produce hilaridad cada vez que se repite en relación con la historia de los seguros y el aseguramiento, en las clases de postgrados en salud o seguridad social. Los alumnos, que no dejan de reir, rápidamente son cuestionados por el docente. Y ustedes, profesionales del sector salud ¿De qué se ríen?.. Si la situación de las ambulancias en nuestro país es exactamente igual a la descrita, si nuestros servicios de atención prehospitalaria se encuentran en estado tan primitivo como el de los bomberos en Londres o Nueva York hace dos siglos.. ¿O no es así?

La respuesta no puede ser distinta al silencio y la reflexión. Es evidente que todos hemos oído y leído en los medios de comunicación repetidos incidentes relacionados con personas en situación de grave urgencia, por enfermedad o accidente, que son dejados en el suelo, a su suerte, porque la ambulancia que se encuentra cerca o pasa por lado de la urgencia, manifiesta que no es asunto de su competencia. Hace algunos años ambulancias del Seguro Social, de las Cajas de Previsión, de las instituciones militares o de las clínicas privadas asumían este comportamiento, si el "paciente" no era de su competencia. Tan sólo escasas ambulancias de los servicios públicos de salud o la Cruz Roja entendían su servicio como público. Hoy la situación se ha agravado con la existencia de múltiples empresas del sector, Entidades Promotoras de Salud, Administradoras de Riesgos Profesionales y compañías de ambulancias prepagadas, que disponen de servicio de ambulancia en nuestras ciudades, pero exclusivamente para sus "clientes".

¿Que ha pasado entre tanto en los países desarrollados con el servicio de ambulancias?. Desde comienzos de siglo, pero con mucho más desarrollo después de las dos guerras mundiales, en Estados Unidos, Inglaterra o cualquier país de la Unión Europea (aunque también en países desarrollados de Asia y en muchos no desarrollados de Europa, Asia, Africa o América), el servicio de ambulancia y en general la atención prehospitalaria , se ha consolidado como un servicio público municipal o del condado o división menor del Estado, que responde a las necesidades de todos los ciudadanos. Quien no haya visto series de televisión norteamericana en los últimos cincuenta años, sin embargo, no habrá podido darse cuenta del funcionamiento de los servicios paramédicos y su velocidad de desplazamiento, con toda clase de vehículos terrestres, marinos o aéreos al rescate de cualquier ciudadano en riesgo. Quienes jamás hayan observado tampoco películas o televisión europea tampoco se habrán dado cuenta de la importancia de las personas en dichos países y la organización de sus servicios públicos prehospitalarios para proteger a todos los ciudadanos.

Hablar de servicio público no necesariamente implica que sean funcionarios públicos quienes lo prestan, sino de la responsabilidad del Estado de garantizarlo a todos los ciudadanos. Muchas veces lo hacen efectivamente con funcionarios públicos, pero en otras ocasiones o condiciones, asignan contratos a compañías privadas de servicios paramédicos, pero siempre para atender a todos los ciudadanos, sin discriminación. Por ejemplo, son asignados contratos para la protección de los usuarios de unas autopistas o unas playas (todos los usuarios) o se asocian regiones y países para la atención de cualquier urgencia en los Alpes (todos los accidentados en las montañas). O bien la autoridad asigna el contrato de servicio a distintas empresas en zonas de una gran ciudad o de una provincia (pero para todos los ciudadanos de esa zona o provincia), tal como sucede por ejemplo con el servicio de basuras en Bogotá, contratado con distintas empresas por zonas de la ciudad, pero que recogen la basura a todos los residentes en cada zona. Los pequeños problemas limítrofes de responsabilidad, que sin duda surgen en estos servicios paramédicos de emergencia, siempre son resueltos a favor del ciudadano, entendida la responsabilidad primaria por la vida y el deber de protegerla. El problema del responsable del pago por el servicio, cuando así está establecido (asegurador,  municipio o persona) es un problema posterior a la atención de la urgencia, jamás un problema previo.

¿Por que en nuestro país no funciona de este modo el servicio de ambulancias? ¿Acaso nuestros gobernantes y nuestros legisladores (de los últimos 50 años) nunca vieron cine ni televisión de otros países?. ¿Nunca viajaron para conocer el funcionamiento de estos servicios en otras latitudes? Por supuesto que sí. ¿Por qué entonces no normaron o legislaron para proteger la vida y la salud de los ciudadanos de nuestro país? Es triste responder que nuestra sociedad no ha entendido el valor de lo social, de lo colectivo, de lo que sirve a todos, al igual que tampoco entiende que la responsabilidad primaria y fundamental del Estado es la de proteger la vida de todos los ciudadanos. No lo entienden los gobiernos, no lo entiende el congreso (quizás ahora lo entienda por la triste experiencia propia de la falta de respuesta ante el súbito estado de gravedad de un congresista en plena sesión) y apenas comienzan a entenderlo los medios. ¿Por qué sí se entendió con mayor rapidez la defensa de la vida y de la propiedad por la vía militar cuando es puesta en riesgo por grupos irregulares?

Pareciera que la vida en nuestro país no tiene valor cuando no está ligada a la propiedad. Pareciera que el Estado se concentra en la protección de unos pero no de los otros. Pareciera que la sociedad así lo acepta, como acepta que los usuarios del transporte público se mueran por falta de gestión del Estado en la exigencia de responsabilidad civil a los empresarios por los daños a terceros. ¿Quizá los dueños del transporte público han tenido siempre más poder que los usuarios heridos y muertos ante el gobierno y el congreso? Todo lo señalado confirma la triste situación de un país que no protege a sus ciudadanos, de una sociedad donde la vida vale muy poco, una sociedad sin sociedad, donde cada quien se salva como puede y en la que es evidente la ausencia total del Estado en su función primordial.

Dado nuestro avanzado desarrollo constitucional y legal, sin embargo, tan sólo se necesitan unos decretos reglamentarios para establecer la responsabilidad primaria del servicio público de atención prehospitalaria en el nivel municipal o distrital y apoyar su desarrollo desde el Fondo de Solidaridad y Garantía con equipos de transporte y comunicaciones. Regular el pago posterior y no previo del servicio por parte de aseguradores, ciudadanos o el municipio. Sancionar gravemente a los responsables de la desatención de una urgencia cuando el equipo próximo no tenga un impedimento real para atender la emergencia y algunas regulaciones adicionales.

Para cerrar la triste historia, retornemos a otro profesor, éste docente de neurocirugía en el viejo Hospital San Juan de Dios, hace ya una treintena de años. Dicho profesor recibía a sus estudiantes de medicina con el siguiente discurso. "Cuando ustedes se encuentren en el año rural, o si van a dirigir alguna institución hospitalaria, por favor recuerden que las ambulancias no están hechas para correr...., que no deben correr...., que con ello tan sólo ponen en peligro la vida de los pacientes remitidos a los hospitales para neurocirugía u otro procedimiento, así como la vida de terceros....., que las sirenas y demás medios están hechos para que los demás autos les cedan el paso y faciliten su desplazamiento libre de obstáculos y en el menor tiempo posible, pero sin exceder jamás los límites de velocidad..... Es necesario frenar a estos conductores de ambulancias para que no sigan haciendo daño....., ustedes deben educarlos y prohíbirles correr, y de esta forma evitaremos que sigan causando más accidentes".

No es necesario reiterar los hechos suficientemente conocidos, sobre accidentes que involucran ambulancias, pues los medios de comunicación los muestran a diario, accidentes con muertos y heridos graves originados en el manejo arriesgado, irresponsable y peligroso de muchos de estos conductores. Sin embargo quizás este comportamiento se deba a simple ignorancia en la mayoría de los casos, pues ni a los conductores, ni a sus jefes, los directivos de las entidades de salud, les han enseñado que las ambulancias no deben correr, que no deben hacerlo en caso de urgencia y menos en el simple desplazamiento de un paciente. En realidad, hoy día, los directivos, los médicos, los conductores y casi todo el país cree que las ambulancias deben correr. No es así: el maltrato al paciente transportado en ambulancia, en manos de un conductor que acelera y frena permanentemente, cambia bruscamente de carril, en fin conduce como taxista de país subdesarrollado, es terrible; muy doloroso si presenta lesiones, o angustiante hasta la muerte si sufre un infarto u otra patología que se agrave con el estrés. Cuando se trata de una ambulancia medicalizada, la situación es peor, pues ni los equipos ni el personal, indispensables para mantener la vida del paciente transportado, podrán trabajar dentro de la ambulancia en tales condiciones salvajes de desplazamiento.

 

Mayo de 2008

 

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