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Editado en Bogotá D.C.

 

La tragedia social

Las noticias con que cierra el año 2003 no podrían mostrar un cuadro más dramático para el país: "Se disparó la desigualdad", titula El Espectador, para señalar a continuación como "El DANE reveló que el indicador de desequilibrio social volvió a los mismos niveles de hace 40 años". El indice de Gini para Colombia mostró finalmente el temido seis (0,60) con el que nos amenazaba desde la segunda mitad de los 90.

El resultado en este indicador, utilizado universalmente para medir la distribución del ingreso, nos pone a competir firmemente por el segundo o tercer premio del país más inequitativo del mundo, con Brasil (60,7) y Nicaragua (60,3) en nuestro continente, y con la República Centroafricana (61,3), Swazilandia (60,9), Botswana (63,0) y Sierra Leona (62,9), en Africa. Sólamente Namibia es lider indiscutible con 70,7, según el Informe de Desarrollo Humano 2003 del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. Desde el año 2001 superamos en desigualdad social a Sudáfrica y Honduras, e incluso a Etiopía.

Al interior del país el mayor nivel de desiguladad corresponde a Bogotá, con una aterradora cifra de 0,62, seguida del Valle del Cauca con 0,55. Cabe aquí citar al Premio Nobel de Economía Amartya Sen, cuando señala:  "....porque para ser uno de los países más inequitativos del mundo la condición es la riqueza del país, que permite las grandes diferencias entre la población de los mayores ingresos y la de menores ingresos. Países muy pobres resultan más equitativos............"

Según señalaba Juan Luis Londoño en "La Distribución del Ingreso en Colombia" (DNP 1998): “El hecho distributivo más notable registrado en Colombia durante el siglo XX ha sido la cambiante participación del trabajo en el ingreso nacional (neto de depreciación). En medio de algunas fluctuaciones cíclicas, la participación del trabajo ha descrito una clara curva en forma de U: tras representar más del 60% del ingreso nacional a fines de los años treinta, descendió hasta el 50% al final de los cincuenta y ascendió en los treinta y cinco años siguientes hasta alcanzar el 70% del ingreso nacional a mediados de los años noventa”.

En relación con los ingresos laborales, que representan la mayor parte del ingreso del país, en 1982 tuvimos la situación más equitativa del siglo, con un Gini de 0,41. Para 1992 llegamos a 0,50 y poco más de 10 años después alcanzamos los 0,60 En 1982 el 10% de la población con mayores ingresos participaba con el 35,5% del ingreso laboral, mientras que el 10% más pobre obtenía el 1,75. Para 1992 el 10% más rico absorvía el 46,6% del ingreso laboral y el 10% más pobre apenas el 1,48%. Aún no disponemos del último dato, pero del GINI se deduce que el 10% más pobre percibe ahora menos del 1% del ingreso laboral y el 20% más pobre menos del 3%.

El informe del DANE denuncia que Colombia perdió 40 años en la lucha contra la desigualdad, pues no se tenía este nivel desde mediados de los años 60. Indica que los ingresos de los pobres cayeron un 20% en la crisis económica y los de los ricos un 5%. Como ejemplo de la crisis que sume a 20 millones de colombianos en la pobreza y que ejemplifica la inequidad, señala que mientras las ventas de vehículos aumentaron un 21% este año, las de alimentos y bebidas cayeron un 6%. 

Destacaba Londoño en la misma publicación que un aumento en la desigualdad como el que mostró Colombia en los años 60, de 10 puntos en el Coeficiente de Gini, normalmente tardaría 100 o 150 años en un país promedio. Y la disminución en la desigualdad en Colombia en los 20 años siguientes se observaría en otros países en un plazo mucho más largo. La rápida recuperación es la esperanza que nos queda, pero desde luego no será posible con las políticas económicas y sociales calvinistas aplicadas a partir del Consenso de Washington.

Alberto Mijunin, , director regional de política social de Unicef expone en su libro "Todos entran": “tanto la pobreza y la exclusión, como la concentración de la riqueza y los ingresos, son manifestaciones de la pobreza de ciudadanía: carencia de las condiciones materiales básicas, los códigos para la emancipación, carencia de los conceptos de cooperación y reciprocidad como dimensiones de un esquema social común, y en fin, carencia del sentido de otredad que es lo que posibilita entender que no hay salvación de a uno y que la salida de los otros es condición necesaria para la realización personal”.

Para finalizar, podemos decir, con Alberto Vasco,  que la pobreza no es un problema, si la riqueza no es tambien un problema, pues las dos se encuentran estrechamente relacionadas" y que "el principal problema del país es la pobreza - riqueza, pero que ese problema no se resuelve sin los pobres. No es pues la pobreza en sí misma sino su relación con la riqueza. Es pues un problema de relaciones sociales, económicas y políticas. "

 

Diciembre  de 2003


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