Reportaje

 

Herman Redondo

Representante de los profesionales de la salud

en el Consejo Nacional de Seguridad Social en Salud

 

 

Nuestro Personaje  de la LXXI Edición de Salud Colombia es el Dr. Herman Redondo, miembro del Consejo Nacional de Seguridad Social en Salud. El Dr. Redondo comenzó su carrera sindical con ASMEDAS en 1975, como Presidente del Comité Regional de Fusagasugá. Posteriormente en 1980 llegó a la Junta Directiva de Asmedas Cundinamarca como vocal. Tesorero de la misma en 1981, Fiscal en 1986, Vicepresidente en 1987 y Presidente los años 1993 y 1994. De allí pasó a representar a los profesionales de la salud en el máximo organismo del sector, donde ha sido reelegido en tres oportunidades.

El Dr. Redondo es Vicepresidente de la Asociación Médica Colombia, entidad que reune a los profesionales de la medicina en el debate contra el proyecto de Ley. Por ello es nuestro invitado en Salud Colombia.


    

S.C.:  El tema de moda, el tema en boga es el Proyecto de Ley 017 del Senado, que casi podríamos llamar, según la versión de los distintos gremios de profesionales del sector salud, el Proyecto de Flexibilización Profesional del Sector Salud. ¿Cual es la primera opinión sobre ese proyecto?

H.R.: Yo pienso que el primer concepto que uno deriva de allí es que el Gobierno ha sentido la necesidad de adaptar el recurso humano en salud a las necesidades del mercado y para ello se apoyó en estudios técnicos, bastante serios, que hacen un diagnóstico, a mi modo de ver acertado, de la situación del recurso humano en salud. Utilizó algunas universidades de mucha prestancia para eso, pero la realidad es que el diagnóstico soportado en  los estudios técnicos que tienen suficiente rigor científico, no tienen nada que ver con el contenido del proyecto. Es decir el planteamiento del problema es correcto, pero en cambio, hay una total dicotomía intelectual entre el problema y la solución, porque al mirar la exposición de motivos uno llega a decir ¡Hombre, esto esta muy bien! Pero cuando mira el contenido de la propuesta, es decir el Proyecto de Ley, no tiene nada que ver lo uno con lo otro, pues los objetivos y los fines reales son completamente diferentes.

 

S.C.:  Hay un sentir entre los gremios profesionales, no de ahora sino de hace muchos años, en el sentido de que es excesiva la oferta de profesionales de la salud para la demanda que existe en el mercado y que debe frenarse la producción de profesionales de la salud; pero cuando se observan las tasas de médicos, o de enfermeras o de cualquier otra  profesión, incluso la de odontólogos, donde aparece un mayor desfase entre oferta y demanda en las condiciones actuales, estas son mas bajas que en todos los países de Latinoamérica, o que en casi todos, y son más o menos la cuarta parte de los países en desarrollo, las tasas de profesionales de la salud que nosotros tenemos. En esa medida ¿Hay realmente un exceso de profesionales de la salud en Colombia?

H.R.:  Pienso que el estudio de la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Antioquia, precisamente demostró lo que Ud. dice en la pregunta, es decir en términos reales, en tasas por mil habitantes, Colombia no tiene un exceso de profesionales de la salud, sino que se muestra excedido porque la capacidad de absorción de la demanda, el número de cargos en el sector público y la capacidad instalada en el país no es capaz de absorberlos, porque la cobertura del Sistema sigue siendo muy baja; en el momento en que se ampliara la cobertura de servicios real y tuviésemos cobertura en aseguramiento de la población por encima del 80%, las necesidades de recurso humano aumentarían. Por el contrario en ese momento se podría ver inclusive en algunos casos deficiencia de número de médicos, específicamente de algunos profesionales de la salud. Entonces el tema de fondo es de cobertura, no necesariamente limitar la producción de nuevos profesionales sino más bien, en ese campo, garantizar que los nuevos profesionales llenen todos los requisitos de idoneidad, de formación dentro de todos los conocimientos y la estructura  ética que la salud requiere.

 

S.C.:  El diagnóstico de calidad y acreditación de las facultades de salud en el país es tétrico, según los estudios, pero ¿Este es un problema del Ministerio de Salud (perdon Protección Social) o es problema del Ministerio de Educación? 

H.R.:  Es un problema, yo diría, que de las dos instancias; allí tiene que haber un trabajo interdisciplinario entre el Ministerio de Educación, el Ministerio de la Protección Social y la Sociedad Civil representada en las Universidades, representada en las Sociedades Científicas, porque todos tenemos un interés común: que haya el número de facultades y de programas de Ciencias de la Salud que el país necesita, con la calidad que se requiere y que ese número de personas salgan con  posibilidad de empleo y de desarrollar sus conocimientos en bien de la población.

 

S.C.:  Otro de los temas que más se critican al Proyecto de Ley es el de que un Consejo del Ministerio de la Protección Social va a regular las profesiones del Sector Salud. La manifestación de todos los gremios profesionales de la salud es por el contrario, que es una condición sin “e qua non”, no solo en Colombia sino en el mundo, que las profesiones a través de sus agremiaciones o asociaciones se autorregulan y no deben estar reguladas por una instancia gubernamental.

H.R.:  Ese no es un capricho de parte de las instituciones médicas y las instituciones en general de los profesionales de la salud, son paradigmas reconocidos por la comunidad científica internacional y son fundamentalmente dos, uno la AUTONOMIA  en  el ejercicio de la profesión, que es lo que le da a uno el ser profesional. Lo que lo distingue de un nivel técnico, operativo, auxiliar, es que precisamente el profesional tiene autonomía para decidir lo que se refiere a su conocimiento. El otro paradigma es la AUTORREGULACIÓN.  Así como los periodistas, con tanto celo, defienden su autorregulación a través de los círculos, los abogados igualmente a través de colegios (que tal que en el Colegio Superior de la Judicatura hubiesen médicos), los militares también defienden con celo, la universidad defiende su autonomía universitaria, nosotros los profesionales de la salud también lo decimos.

Mire lo que dice la declaración de Madrid de 1987 de la Asociación Médica Mundial sobre autonomía: “El elemento principal de la autonomía profesional es la garantía que el medico puede emitir, con toda libertad, su opinión profesional con respecto a la atención y tratamiento de sus pacientes,  por tanto la Asociación Médica Mundial y sus Asociaciones Médicas Nacionales, reafirman la importancia de la autonomía profesional como componente esencial de la atención médica de alta calidad y por consiguiente como un beneficio que se debe al paciente y que debe ser preservado. Por lo tanto se comprometen a mantener y garantizar ese principio de ética esencial”. Luego afirma con respecto a la Autorregulación por pares académicos, dice: “Paralelamente al derecho de la autonomía profesional,  la profesión médica tiene una responsabilidad permanente de autorregulación y no obstante la existencia de otros reglamentos aplicables a los médicos, la profesión médica debe tomar a su cargo la tarea de regular la conducta y actividades profesionales del médico”. Es decir, es absolutamente claro que como un principio de ética esencial está la Autorregulación y ese consejo al cual Ud. se refiere pues está hecho fundamentalmente por Planeación, Hacienda, Ministerio de la Protección Social y Ministerio de Educación, donde brillan por su ausencia los médicos y los profesionales de la salud. Más aún, debe ser un consejo de ejercicio de la profesión, de cada una de las profesiones,  para que en cualquier momento siempre sean pares académicos iguales o superiores. Es como si en un momento determinado a un coronel  lo fuera a juzgar  un comité de sargentos.

 

S.C.:  Hay otro temor con el proyecto de ley, relacionado con lo que implica la flexibilización de las regulaciones que hoy tienen las profesiones, la posibilidad por tanto de que las empresas del sector salud, especialmente las aseguradoras,  entren bajo esta desregulación en el campo de la formación técnica y profesional y puedan poner a técnicos a hacer labores profesionales, y también hay el temor de que se abran las puertas a un mercado de médicos internacional mediante esta ley, por las relaciones que el proyecto tendría con los compromisos de Colombia de firmar el tratado de Libre Comercio con Estados Unidos.

H.R.:  Empiezo por la segunda parte. Yo tengo una convicción, y es que si nos llega el ALCA es mejor que llegue en un escenario donde estemos regulados, porque eso es una ventaja. Si nos coge desregulados no hay ninguna barrera; es decir cuando llegue el ALCA tiene que respetar la regulación existente, luego es bueno que estemos  regulados. Por eso no nos oponemos a la regulación, porque además no negamos que existen problemas en los recursos humanos, lo que pasa es que esa regulación debe ser bajo los parámetros del respeto a la autonomía y a la autorregulación por pares académicos, punto uno. Punto dos ¿Quién es el que más se beneficia de ser aprobado literalmente el Proyecto de Ley 017. Se beneficiaran los aseguradores, los intermediarios y los mercaderes de la salud, porque van a encontrar una mano de obra barata y flexible. Por eso este proyecto, en el fondo, es simplemente una adaptación del recurso humano en salud a las necesidades del mercado; pero más que a la mano invisible del mercado a la mano oculta de los dueños del mercado.

 

S.C.:  Otro punto que preocupa, que es clave en el proyecto de ley, tiene que ver con las medicinas alternativas, y la posibilidad de legalizar sus escuelas, según artículos de este proyecto de ley.

H.R.:  En eso si el Artículo 16 es de Ripley, porque el Artículo dice que para hacer terapias alternativas basta únicamente tener título universitario, ni siquiera dice título universitario en el sector de la salud, sino título universitario, es decir que un abogado, un ingeniero haciendo un cursito, puede hacer terapia neural, puede hacer homeopatía, creo que pensando proactivamente, debió ser una equivocación, porque no creo que llegue a tanto la ignorancia en el Ministerio de la Protección Social. Lo que ha dicho la Asociación Médica Colombiana en ese campo es que para ejercer las terapias alternativas, es necesario ser médico titulado en universidad reconocida por el estado colombiano.

 

S.C.:  Finalmente en este punto, no parece tener mucho sentido el hecho de que para todos los efectos del manejo de los recursos de salud y de la política de salud del país, las leyes que deban regir sean las del mercado, pero, al contrario, cuando vamos a hablar de los profesionales de la salud (esta ley lo señala en el artículo 18 un Programa de Distribución Geográfica, Disciplinas y Áreas de formación prioritarias a través del Servicio Social; Sistemas de Contratación y Remuneración del Recurso Humano en Salud). Es decir, cuando se trata del negocio de la salud, si es el mercado, pero quienes manejan el negocio de la salud o las empresas que manejan, si van a lograr que se regulen los salarios de los profesionales y su distribución, así como obligarlos a prestar servicios sociales ¿Cómo el Ministerio de la Protección  Social tiene la desfachatez de defender el mercado en términos del manejo del aseguramiento y la prestación y por otra parte obligar a los profesionales de la salud a prestar servicio social, o sea, que para ellos si no funcionan las leyes del mercado. ¿Porqué no se aplican las reglas del mercado en este caso y si quieren un profesional de la salud en áreas donde no hay oferta, pagan lo que el mercado exige para que ese profesional vaya allá?

H.R.: Es muy cierto, pienso que es un análisis absolutamente válido. Primero el concepto de mercado en la salud, es un concepto que en la práctica ha venido demostrando que no ha mejorado la prestación de los servicios, a tal punto que muchas personas han afirmado -los técnicos dicen que la salud es un cuasi mercado, un mercado imperfecto-. Nosotros decimos es que el mercado no sirve en la salud por una razón muy sencilla, nadie compite por atender a aquel que no tiene con que pagar, ni compite por atender los enfermos de alto costo, ni compite por atender las personas mayores de 60 años y eso a producido en el caso colombiano el descreme de ese mercado que se ha concentrado fundamentalmente en las E.P.Ss. públicas y particularmente en el Seguro Social, o simplemente son personas a las que se les hace selección por riesgo y no son atendidas y son las personas que más necesitan la atención en salud. Pero respecto a su pregunta, es simplemente la aplicación de la ley del embudo, lo ancho para ellos y lo angosto para uno, es decir, hablan de mercado regulado cuando se trata de aseguramiento desde la visión de las E.P.Ss., pero hablan de prestación de servicio social cuando se trata del recurso humano, de tal forma que a él lo entregan en aras de ese servicio social completamente flexibilizado con un ingreso pírrico, envilecido en cuanto a salario se refiere, porque está haciendo una función social, pero en cambio, el asegurador si es un comerciante de la salud que necesita dividendos.

 

S.C.: Definitivamente no se puede aceptar que se exija un servicio social para una empresa que tiene fines de lucro. Los profesionales de la salud no pueden aceptar ningún servicio social en términos económicos o de obligación de desplazamiento, cuando ese servicio social se traduce directamente en el P y G, en el aumento el margen de utilidad de la empresa que lo esta contratando. Ello resulta absolutamente incongruente.

H.R.: Lo que nosotros hemos dicho en cuanto se refiere a la mala distribución del recurso humano, a la concentración en las grandes capitales que es un fenómeno absolutamente lógico porque las capitales dan infraestructura y posibilidades de desarrollo de proyectos de vida, simplemente es compensar con estímulos; si a la gente se le da estímulos se va hacia la periferia. Hay un recurso humano, por ejemplo en el campo médico, que se está desperdiciando, son las personas recientemente pensionadas que tienen un bagaje de conocimientos amplísimo que si se les diera un estímulo se irían a la periferia con gusto a enseñar, inclusive, todo ese bagaje de conocimientos, pero es que no hay estímulo y el estímulo no es solamente salarial, que quede claro, es el estímulo dijéramos en posibilidades de hacer un ejercicio acorde con la calidad científica que uno exige y desde luego que también tienen que ver los estímulos en materia de bienestar y desarrollo en proyectos de vida en la periferia.

 

S.C.:  Una pregunta final, ahora si: La crisis de cobertura y de crecimiento del Sistema General de Seguridad Social es evidente, como recientemente lo señaláramos en una publicación de FEDESALUD, pero ahora el Consejo Nacional de Seguridad Social, del que Ud hace parte, acaba de producir el informe anual al Congreso; ese informe es realmente triste,  realmente lamentable en términos de logros de cobertura, de avance del Sistema General de Seguridad Social. ¿Cual es su perspectiva?

H.R.: El informe del Consejo Nacional de Seguridad Social en Salud ciertamente fue un informe eminentemente descriptivo. Hay objeciones que han hecho varios expertos en el tema como Carlos Mario Ramírez, como Iván Jaramillo, y como FEDESALUD misma, los cuales yo comparto. Pero por encima de la falta de análisis del informe, lo triste es cierto son las cifras y lo triste es todavía más las perspectivas de esas cifras. Si uno mira El Plan Nacional de Desarrollo -inicialmente habían dicho que se iba a ampliar la cobertura en el régimen subsidiado en 5 millones ahora creo que se está revaluando hacia 3 millones- y si usted mira la expansión de la población, la expansión normal de la población, más o menos es esa, es decir, en los 4 años a un ritmo de crecimiento de novecientas mil (900.000) personas por año, Colombia crecerá unos 4 millones de habitantes, y si se aspira a cubrir 3 millones, pues el porcentaje de población no cubierta se va a mantener constante, o sea, en términos reales no vamos a hablar de ampliación de cobertura. Mejor dicho, desechamos el objetivo central que de alguna manera justificó la Ley 100, la meta de la cobertura universal. Esa es una meta que ya parece olvidada, lo que resulta gravísimo porque hace inútil ese sacrificio de los profesionales y los trabajadores del sector de la salud, que fuimos los sacrificados del sector en aras de conseguir una ampliación de cobertura que nunca ha llegado. Entonces, simplemente terminamos sacrificados pero para beneficio de unos intermediarios y las personas que con ánimo de lucro han entrado a hacer salud gerenciada.

 


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