Editorial

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Editado en Bogotá D.C.

 

Libre comercio

Todo parece indicar que para para Colombia  y los demás países sudamericanos, específicamente, y para América Latina en general, ha llegado el momento crucial de decidir el futuro, en función de los acuerdos de libre comercio que adopten las respectivas naciones.  El futuro inmediato está supeditado en todos los aspectos, incluido el del sector salud, al acierto o desacierto de las medidas que en este sentido adopte cada país y gobierno, consultando en mayor o menor medida la opinión de su respectivo pueblo.

Básicamente existen dos posibilidades para cada país, la primera negociar desde su pequeña dimensión un acuerdo bilateral con los Estados Unidos (ante la imposibilidad real de un ALCA), o la segunda, conformar un mercado común de carácter sudamericano para integrar una comunidad económica más grande en primera instancia que después pueda negociar desde una mejor posición con los mercados Norteamericano, Europeo o Asiático.

Es claro que la primera opción es la que más conveniente a la élite social y económica del país, dada su histórica alianza política con los Estados Unidos y los intereses inmediatos de los empresarios exportadores. Pero puede que para la mayoría del pueblo colombiano las esperanzas en un futuro digno se cifren en la segunda.

Consideremos algunos aspectos claves en la primera y segunda posibilidad:

Conocimiento: El principal valor del siglo XXI son las patentes. La experiencia demuestra que los acuerdos comerciales con el mundo desarrollado y en especial con Estados Unidos están basados en las normas de protección de patentes que aseguran los negocios de los países desarrollados y dificultan o imposibilitan francamente el acceso a bienes y servicios de los ciudadanos de los países subdesarrollados. Estos acuerdos, sumados a la imposibilidad de desarrollar investigación avanzada en los segundos conforma una relación de inequidad a perpetuidad. El ejemplo de los medicamentos es bien diciente para el sector salud. Una comunidad económica sudamericana estaría en posibilidad de desarrollar la investigación que cada país independientemente no puede financiar, y de esta forma conseguir un mayor equilibrio en las relaciones económicas. Igualmente estaría en mayor capacidad de negociar sobre patentes, acceso al conocimiento y exportación de investigadores y profesionales.

Democracia: Ya conocimos durante décadas los resultados de la primera posibilidad, es decir las consecuencias sociales de la política interamericana de control y persecución de los partidos de izquierda, y el consecuente apoyo a los partidos de derecha, más cercanos y útiles a los intereses norteamericanos, según la visión conservadora e inmediatista de sus organismos de inteligencia, que son los que manejan estos países (no los demócratas liberales de Boston, ni los estadounidenses en general). Los resultados inocultables de la aplicación de esta política durante décadas se resumen en las grandes inequidades sociales que hoy caracterizan a Latinoamérica y la débil democracia consecuente. También conocemos las consecuencias de lucha armada contra el narcotráfico, estupidez fatal que sólo encuentra explicación en  la doble moral de los políticos del país del norte y que ha traído como consecuencia el fortalecimiento del conflicto en nuestro país. Nada sabemos sobre las posibilidades de la integración en una gran comunidad sudamericana, pero sí podemos prever que ciertos monopolios criollos en términos políticos, económicos y de comunicación perderían su control absoluto. También resulta fácil vislumbrar que la guerrilla no se enfrentaría a una comunidad sudamericana y buscaría una negociación en estas circunstancias. Al fin y al cabo nuestro conflicto es eminente parroquial.

Libertad: En tres versiones, eliminación de barreras a los negocios, eliminación de barreras para las inversiones y eliminación de barreras y libertad de  movilización de los ciudadanos.  La eliminación de barreras para los negocios se da en cualquiera de las dos posibilidades. Según el tipo de negocio local, algunos pueden quizás encontrar mejores oportunidades en un acuerdo bilateral con los Estados Unidos. Sin embargo, las relaciones por mucho tiempo estarán amenazadas por imposiciones unilaterales del más fuerte y en eso ya tienen experiencia todos los países subdesarrollados. En el marco de un mercado común sudamericano quizás se cuente con un mercado inicial más restringido, pero las negociaciones se darán sin duda en condiciones de mayor igualdad. Respecto a la eliminación de las barreras para el capital, lo previsto en un acuerdo bilateral con los Estados Unidos son mayor inversiones de capitales norteamericanos y un menor condicionamiento a su operación. En un mercado sudamericano lo que se produce es una bolsa de negocios con muchas más posibilidades, posibilidades que pertenecen conjuntamente a todos los países y no a un interés unilateral. Adicionalmente a mediano plazo una integración sudamericana produce un flujo de inversionistas de otras latitudes mucho mayor. En el tercer aspecto, de la eliminación de barreras (fronteras) y de barreras reales a las posibilidades de los ciudadanos, conocemos bien la humillante posición mexicana con su socio de libre comercio,  cuando los negocios atraviesan las fronteras pero a los ciudadanos mexicanos (socios de segunda) no se les permite traspasar el muro del Río Grande. Tal tipo de integración es vergonzosa. La integración sudamericana por el contrario será del tipo Europeo: un mercado unido, una comunidad unida, de libre circulación, residencia, trabajo y oportunidades (y prácticamente un mismo idioma) para todos los ciudadanos de la comunidad de naciones.

Puede que no sean las mismas circunstancias las que determinen el camino de los países centroamericanos o del Caribe, con lazos más estrechos con Estados Unidos, razón de conveniencia, excepto claro está por el idioma y la frontera perpetuamente cerrada. En fin, en este momento nos deberían estar preguntando a todos los colombianos que tipo de integración queremos, decisión vital para nuestro futuro y el de nuestros hijos, pero lamentablemente es lo único que no nos preguntan. 

Una consideración cierta: tarde o temprano seguirán  integraciones progresivas con quienes no lo hagamos inicialmente, en un mundo en camino ineludible a la globalización. Tampoco existe la posibilidad de desarrollo si seguimos pequeños y aislados del mundo. La pregunta es ¿por donde comenzamos? Por asociarnos con los hermanos para después asociarnos con los vecinos o.. ¿Nos asociamos con los vecinos para después asociarnos con los hermanos? ¿Que camino conduce a unas mayores posibilidades y garantías económicas y sociales en un menor plazo para todos los colombianos?

 

Agosto  de 2003


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