Editorial

Salud Colombia www.saludcolombia.com
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Editado en Bogotá D.C.

 

Una epidemia capaz de romper paradigmas

En caso de que la epidemia de neumonía atípica, que tiene en alarma al mundo entero (e incluso a la Organización Mundial de la Salud, desde que el primer investigador enviado a enfrentarla falleciera como consecuencia del contagio), llegara a nuestro país, como parece probable, muchos paradigmas del sistema de salud colombiano se harían trizas.

El primero, el relacionado con la estúpida pretensión de que teniendo una "vida sana" y haciendo ejercicio se evitan todas las enfermedades y los hospitales dejan de ser necesarios. Quienes repiten esta letanía simplemente se empeñan en negar la enfermedad, la vejez y la muerte, como fenómenos ineludibles para el ser humano.

El segundo, aquel que supone que el Sistema debe brindar las atenciones tan sólo para las patologías prevalentes. Habría que ver cuando se vuelve prevalente una nueva epidemia, cuantos colombianos deben enfermarse y morir para que los tecnócratas den permiso de incluir su atención entre las prioridades. Por supuesto que en esta caso la prevalencia la exagerarían nuestros sensacionalistas noticieros, y de esta forma dos casos se convertirían en los 2000 que requerirían otras enfermades menos ruidosas para que se consideraran elegibles en el gasto del Estado.

El tercero, tiene que ver con la ilusión de que con acciones de baja complejidad, realizadas oportunamente, se superan la mayor parte de los problemas de salud. Por ello gran parte de los recursos han sido enviados al primer nivel de atención, dejando en franca caquexia a los hospitales de mayor complejidad y la tecnología correspondiente. Todo parece señalar que la posibilidad de sobrevivir a la neumonía atípica depende de la disponibilidad de un respirador durante los dos o tres días de la etapa aguda de la infección, es decir del número de camas de cuidados intensivos.

El cuarto, la pretensión de que la prevención de las enfermedades es un problema de cartillas educativas y de concertación, en lugar de una responsabilidad del Estado, asumible realmente tan sólo mediante serias sanciones y medidas policivas, para mantener controlados los riesgos sobre la población. El manejo de las epidemias exige una Autoridad Sanitaria con mayúscula.

El quinto, el relacionado con la posibilidad de contratar al personal de la salud por servicios prestados, suprimiendo las relaciones laborales que implican dedicación y permanencia. ¿Cual será el comportamiento y la dedicación de los contratistas cuando resulte indispensable el encierro en un hospital con sus pacientes, como en China?

El sexto, tiene que ver con la ignorante afirmación de que en el país sobran hospitales y camas, a pesar de que ostentamos los más bajos indicadores de Latinoamérica, ni siquiera la décima parte de las camas por 1000 habitantes de los países desarrollados. Algunos genios de la administración y la economía han creído que hay que tener todas las camas llenas para ser rentable. ¿Cual es con este sistema la capacidad de responder a una contingencia cualquiera, o a una epidemia?

Sería interminable la ennumeración de las ideas absurdas, o más bien de los cáculos optimistas para economizar, surgidas de las cuerdas vocales de ciertos pseudoprofesionales del sector salud, que podrían hacerse trizas con el SARS. Oajalá pueda frenarse y nuestro país se salve de tan grave epidemia. De lo contrario, Colombia, como muchos países subdesarrollados, verá una gran mortalidad por esta causa, por la debilidad de su sistema sanitario.

Pese a que la mortalidad por neumonía atípica asciende geométricamente con la edad, los países desarrollados pueden responder con su grande y provista organización sanitaria, de modo que en sus territorios, a pesar de contar con mucha población anciana, resultarán menos muertes que en países como el nuestro, con población mucho más joven, pero con un Sistema de Salud acabado, no sólo por falta absoluta de recursos, sino por la convicción de ciertos personajes incrustados en el sector de que no son prioritarios o necesarios los servicios curativos y de que aún sobran recursos para la salud de los colombianos.

Abril  de 2003


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