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La impotencia femenina, un invento de las farmacéuticas



por Natalia Martín Cantero.

San Francisco, (EFE).- Las farmacéuticas están potenciando artificialmente la llamada "disfunción sexual femenina" o impotencia para incrementar las ventas de la lucrativa "Viagra rosa", denuncia una prestigiosa publicación médica.

A lo largo de los últimos seis años, la industria farmacéutica ha "fabricado" una nueva categoría de enfermedad, la de la impotencia sexual femenina, con el fin principal de vender más medicamentos, denuncia el periodista especializado en asuntos médicos Ray Moynihan en un estudio publicado en el Diario de Medicina de Gran Bretaña.

Según este autor, la mayoría de los investigadores que han escrito artículos sobre este desorden mantienen relaciones financieras con las compañías farmacéuticas, lo que equivale a decir que la industria les ha pagado por exagerar una enfermedad muy lucrativa.

En el año 2001, Pfizer vendió 1.500 millones de dólares en píldoras Viagra, mientras que Bayer y Lilly alcanzaron, respectivamente, los 1.000 millones de dólares, según el periodista.

Moynihan cuestiona, asimismo, la validez de un estudio que utilizan a menudo los científicos y las farmacéuticas como base para justificar el desarrollo de nuevos tratamientos para la disfunción sexual femenina.

Se trata de un estudio publicado en el prestigioso diario de la Asociación Médica Americana (cuyos autores revelaron posteriormente que mantenían relaciones financieras con Pfizer) que señala que el 43 por ciento de todas las mujeres de entre 18 y 59 años sufren disfunciones sexuales.

Muchos investigadores de primera fila dudan de la veracidad de esta cifra, según Moynihan.

El estudio señalaba que las mujeres sufrían esta condición si respondían afirmativamente a una de siete preguntas, entre las que se encontraban la falta de deseo sexual, ansiedad sobre el resultado de sus relaciones sentimentales o dificultades con la lubricación, entre otras.

El elevado número de mujeres que respondieron afirmativamente a una de esas preguntas supone que muchos doctores contemplen las dificultades sexuales como algo puramente físico que se puede curar con una pastilla, según Moynihan.

"Corremos el riesgo de que las complejas causas que explican las dificultades sexuales se quiten de en medio, de un plumazo, para simplificar el diagnóstico y recetar la medicina", dice Moynihan.

Dicho de otra manera, cada vez menos mujeres se ajustarían a lo que se consideran "dificultades normales", y según los parámetros de las farmacéuticas, casi la mitad de la población sufriría una disfunción, lo cual es difícil de aceptar.

Pero la principal crítica de este autor se centra en el papel de las compañías farmacéuticas en el desarrollo y promoción de nuevas enfermedades.

"La creación 'patrocinada' de una nueva enfermedad no es un fenómeno nuevo", señala el autor.

"La creación de la disfunción sexual femenina es el último ejemplo de la medicalización de los cuerpos de las mujeres y los procesos naturales", denuncia el periodista.

Algo similar ocurrió con los síntomas de la menopausia y el posterior 'boom' en tratamientos especializados para curar lo que no es más que un proceso natural.

Moynihan cita a John Bancroft, director del Instituto Kinsey en la Universidad de Indiana, para quien la falta de deseo sexual es en muchos casos una respuesta normal y sana entre las mujeres que se enfrentan a excesivo estrés, cansancio o comportamientos amenazantes por parte de sus compañeros.

Por encima de todo, asegura Moynihan, el modelo médico se basa en la definición de lo que es sano y lo que no, pero el sexo no funciona de esa manera.