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Editado en Bogotá D.C.

 

Fusión inconveniente

Apenas conocidos los nombramientos de ministros del próximo gobierno, en el sector salud se levantaron muchas ronchas, características claro está de las reacciones inmunológicas primarias y agudas frente a agente irritante reconocido. Muchos se preguntaban de inmediato si por la Academia Nacional de Medicina no se presentaría ningún infarto. En fin, al que no quiere caldo...

Por supuesto, el nombramiento del Ministro de Salud y Trabajo debió dejar cuando menos confundidos a miles de profesionales de la salud, quienes repiten sin cesar que la Ley 100 fue la "vaina que nos jodió a todos", por cierto sin tener idea, la mayor de las veces, de en que consiste la Ley, ni demostración cierta del efecto causado.

A los pocos días se pudo observar una severa manifestación del mismo tipo en las partes bajas del Ministerio de salud, reacción esta vez procedente de los escasos linfocitos que le restan al sector sindical. Algún brote y ninguna defensa efectiva frente al igualmente reconocido agresor. Este sector sindical que reaccionara tan fuerte al comienzo de la implantación de la Ley 100, en función de los incrementos salariales, se muestra ahora igual de agónico que las instituciones públicas a las que pertenece.

Ni que pensar del gran sindicato del Instituto de Seguros Sociales, que aunque logró sacar al presidente electo, en la última recta de la campaña, una promesa de no acabar la institución, debe estar dudando seriamente que el nuevo Gobierno financie el déficit de un billon de pesos anuales que ya causan entre la EPS y la IPS, a pesar de todas las promesas y el optimismo redundante de su saliente Presidente.

En resumen, parece que el referendo que empujan algunos colegas para acabar con la Ley 100 va a tener que esperar un buen rato, quien sabe si un nuevo Congreso. Entre tanto, será conveniente y necesario repetir, a quienes añoran el pasado, que la historia no tiene reversa y que la asistencia pública es cosa del pasado. Ahora bien , la seguridad social en cambio, sí tiene futuro, y mucho, pues a pesar de que la Ley 100 dio pasos importantes en esta dirección, queda un largo y tortuoso camino por andar, para lograr que todos los colombianos tengan derecho a la asistencia médica, o dicho de otra forma, todavía se hace necesario derribar grandes barreras que impiden la equidad.

Y para hacer avanzar la cobertura de la seguridad social es mejor tener al frente del Ministerio al gestor indiscutible de la reforma, que a su seguidores, pues estos últimos repiten como loros los discursos de su líder, sin tener su capacidad intelectual para cambiar de criterio cuando la tozuda realidad lo exige, así como para enfrentar las limitaciones de la versión de 1993 y su reglamentación.

Así sucede, por ejemplo, con la defensa a ultranza del SISBEN, herramienta valiosa en principio, pero que deja hoy sin posibilidad de acceso a la salud a más de diez millones de pobres urbanos que no clasifican en los niveles 1 y 2, como lo ha demostrado un estudio de FEDESALUD. Después de escuchar en un foro la defensa exegética de esta forma de focalización a ciertos seguidores del nuevo Ministro, éste no tuvo ningún problema en señalar publicamente que en la coyuntura presente debería revisarse la forma de definir la pobreza. Como decía un personaje... Prefiero al papa que a los papistas.

De esta manera aspiramos a que la respuesta del nuevo Gobierno frente a la incapacidad del Sistema de incorporar a millones de familias de trabajadores independientes e informales, de estratos medios y medios bajos, no sea la eterna cantaleta de la evasión, basada en el cuento de hadas de que una familia pobre debe aportar el 12% de la totalidad de sus ingresos, cuando la posibilidad real de cotizar, según serios estudios internacionales, debe calcularse después de descontar cuando menos los gastos en alimentos, vestuario, vievienda y servicios públicos. En verdad tanta estupidez ya aburre, y tanta disculpa en la crisis económica, por lo que se esperan respuestas más imaginativas. Igual sucede con las propuestas de transformar el total de los recursos de la oferta a la demanda, cuando aún más de 20 millones de colombianos no cuentan con seguridad social y otros diez apenas cuentan con medio seguro.

Pero la imaginación del ex y nuevo ministro, o de sus asesores, debe ser aún mayor para recuperar en el país la gobernabilidad en salud pública, perdida en medio de una descentralización irresponsable y del énfasis financiero y contable de la seguridad social. El fracaso de la gestión, tanto estatal como privada, de los programas de salud pública, no sólo del reducido o reduccionista Plan de Atención Básica, sino de toda la esencia de las funciones esenciales que define la OPS, es evidente en nuestro país y requiere atención de urgencia.

Dados los enormes retos que tiene por delante el sector salud, nos causa especial rechazo la fusión del ministerio del ramo con el de trabajo, pues si bien el denominador de la seguridad social es común a ambas carteras, la importancia de que la salud tenga su propia cartera no es discutida ni siquiera en el contexto internacional, no sólo por la especificidad de la misma y el hecho de tratar con lo más valioso de la sociedad, la vida y la salud del hombre, sino incluso desde el punto de vista económico, porque este sector en el mundo actual se gasta el 10% del producto interno bruto y ese hecho por si sólo amerita un manejo cuidadoso por parte del gobierno. En fin, se entiende como una muestra más de falta de respeto al sector salud.

La lógica que aparece detrás de esta fusión nos parece tan perversa como la lógica de bajar los salarios para mejorar las exportaciones. Si el progreso de los negocios requiere mantener bien pobres a los trabajadores, ¿Para qué ese progreso?. Ahora suponemos que en esta lógica también habrá que mantenerlos sanos, para seguir siendo competitivos, exportando mano de obra bien productiva y barata, es decir exportando pobreza de mejor calidad. Quizá esto explique la fusión de los ministerios de Salud y Trabajo. Quizá sea la simple lógica del capital y sus agentes, internos y externos.

 

Junio de 2002


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