Editorial

Salud Colombia www.saludcolombia.com
Una publicación de Inversiones MARCHA Ltda
Editor Félix León Martínez Martín
Administración
Isabel Chaparro Leal
Servidor by Axesnet
Fotografía: Juan José Martínez González
Consejo Editorial:

Carlos Eduardo Castro Hoyos
Alonso Restrepo Restrepo
Julio Cesar Carrillo Fonseca
Abel Fernando Martínez
Comunicaciones
Editado en Bogotá D.C.

 

No mas beneficencia, por caridad

"Vamos a ir a un te canasta elegantísimo, donde comeremos langosta, caviar y champaña, y recogeremos fondos para comprar chocolate, frijoles y todas esas porquerías que comen los pobres" Expresión aproximada del personaje Susanita, en tira cómica Mafalda, de Quino.

Existe nuevamente un importante movimiento de presión en contra del Régimen Subsidiado de Seguridad Social en Salud (pues con el contributivo pocos se atreven), que busca en una u otra forma retornar a un sistema de prestación de servicios a través de hospitales públicos, financiados por la vía de impuestos generales.

Todas las tendencias que se agrupan alrededor de este objetivo común, solicitan poner fin a la intermediación, bien mediante la creación de un pagador único, bien mediante el retorno a la figura de las EPS transitorias, o francamente mediante un sistema de oferta apoyado por un reaseguro que garantice el acceso a las enfermedades de alto costo.

Desde luego que razones no les faltan a quienes pretenden poner fin al Régimen Subsidiado, dados los lamentables resultados que el país ha debido enfrentar relacionados con la irresponsable forma en que fue autorizada la operación de las Administradoras del Régimen Subsidiado al inicio del Régimen y con la crisis forzada de los hospitales públicos, efectos de una mezcla entre el dogmatismo del libre mercado y la debilidad regulatoria de la dirección del Sistema.

Ante la fuerza del movimiento que culpa al Régimen Subsidiado de todos los desastres, más que a su inadecuada implementación, merece la pena señalar en contrapeso las desventajas de los servicios prestados a través de entidades públicas financiadas directamente por el Estado.

En primer lugar, algunos estudios y publicaciones señalan que si bien estos servicios públicos y universales garantizan en sociedades igualitarias el acceso a todos los habitantes, sin distinción alguna, a la atención en salud, por el contrario, en las sociedades muy estratificadas (Colombia es en cifras del DNP uno de los países más inequitativos del mundo en cuanto a distribución del ingreso) no garantizan equidad en el acceso, ni servicios iguales en calidad, a los ciudadanos más pobres.

En los países inequitativos se benefician mucho más de estos servicios públicos quienes concentran poder económico, político o gremial, que los pobres para quienes supuestamente fueron financiados. Este fenómeno se podría denominar en Colombia el "efecto piñata", (los niños más grandes y fuertes dejan sin dulces y regalos a los pequeños, aunque se supone que la piñata ha sido colocada para que todos la disfruten por igual).

En segundo lugar, los mismos estudios señalan que en las sociedades fuertemente permeadas por los mecanismos de intercambio propios del mercado, es decir contratos explícitos o implícitos con búsqueda de utilidad, los sistemas de beneficencia o asistencia social pierden sentido y dejan de funcionar. De hecho, se trata ni más ni menos de la sustitución de la mentalidad de la caridad cristiana por la lógica del capital.

Razón tenían los colegas que años atrás ya reclamaban como, en una sociedad donde todas las relaciones se rigen por la posibilidad de negocio, en función del capital invertido, a los profesionales de la salud se les exigía trabajar por el bien social y no perseguir utilidad.  Denunciaban por tanto un comportamiento hipócrita de la sociedad. A estos colegas erróneamente se les menospreció, al tiempo que fue cuestionada su ética profesional por tildarlos de médicos ávidos de ganar dinero. 

¿Acaso los profesionales de la salud deben tener un grado de solidaridad social que no le es exigido a los demás mortales? Desde el pedestal en que se colocó la profesión médica se pudo creer que así debería ser. La mirada retrospectiva deja ver hoy un respetable grupo de colegas ingenuos que aceptó el esfuerzo desinteresado y la labor abnegada hacia la población pobre, labor que resultó más útil en realidad a ciertos sectores reacios a resolver las grandes inequidades en el ingreso y los derechos de los colombianos, pues el franciscano comportamiento de los facultativos evitaba el descontento social o simplemente el tener que enfrentar el costo real de la atención médica. La caridad sustituyó al derecho.

Puede afirmarse adicionalmente, es un hecho demostrable, que los sistemas de salud financiados fundamentalmente a través de los presupuestos nacionales nunca obtienen suficientes recursos en los países pobres, al tiempo que se convierten en los primeros blancos de los recortes de gasto en las repetidas crisis fiscales del Estado, como bien pudo observarse recientemente en nuestro país. De allí que los sistemas universales se conviertan en una falacia en términos de disponibilidad de recursos per cápita y acceso real a los servicios.

Por todo lo señalado anteriormente, en un país tan permeado por la lógica del negocio y la utilidad, y tan poco sensible a la inequidad social, es preferible un Sistema que se rija por la lógica dominante del contrato, donde el pago efectivo de un seguro garantice la prestación del servicio, y el derecho de los ciudadanos no dependa de la caridad ni el favor de nadie. Por este mecanismo también es posible saber cuantos recursos reales se tienen para asegurar efectivamente los servicios de los habitantes del país, si se paga más por un ciudadano de una condición que por la de otro, y si se presta el servicio de igual calidad con igual pago.

 

Agosto de 2001


Regresar a portada