Oleo del maestro Demetrio Jiménez

 

Informe Especial

 

Patentes vs pacientes


 

Derecho de Patentes vs Derecho de Pacientes

Transnacionales vs Naciones

Informe del Consejo Editorial de Salud Colombia

Por Estos días hemos visto en los medios de comunicación un intenso debate entre  el top 10 de las compañías farmacéuticas multinacionales y algunos  países que han decidido aplicar de manera muy particular los acuerdos sobre propiedad intelectual (ADEPIC, Acuerdo sobre Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el comercio, en su versión en español y TRIPS, Agrement on the Trade Related Aspects of Intelectual Property Rigths  en inglés) en el contexto de su participación en la Organización Mundial del Comercio y de su ajuste a los acuerdos mundiales de comercio.  Estos países incluyen muy especialmente Brasil y  Sudáfrica, países que decidieron incorporar en su legislación ciertas salvaguardas (calificadas de restricciones) a los derechos de patente, como son las licencias obligatorias.

Salud Colombia ha querido ofrecer a sus lectores los elementos de este debate, de la manera más objetiva que nos pueda ser posible, para que cada uno se forme su propio criterio.

Las patentes no son otra cosa que una excepción a las tradicionales reglas del mercado (oferta y demanda) por medio de las cuales, se ofrece a quienes deseen dedicarse y/o invertir en investigación, un especial reconocimiento económico, que estimule esta actividad. El reconocimiento se traduce en que la sociedad permite la explotación económica del producto de la invención, de manera exclusiva y por un período determinado de tiempo, a un precio por encima de los costos de producción para retribuir las inversiones en investigación y asegurar su continuidad.  En otras palabras se concede un monopolio temporal.

Tanto en los acuerdos ADEPIC-TRIPS como en el seno de la OMC se ha previsto que los países puedan contar con ciertas alternativas en caso de existir abuso de posición dominante o de emergencia de salud.  Eso es justamente lo que tanto Brasil como Sudáfrica hicieron. Aplicaron las denominadas Licencias obligatorias, que es un mecanismo mediante el cual el Gobierno concede a otro fabricante permiso para producir el producto patentado, a un precio menor, aún en el evento de que el titular de la patente no este de acuerdo. En el caso de Brasil, este criterio ha sido aplicado a los medicamentos Antiretrovirales para el manejo del VIH-SIDA en uno de los programas sanitarios de mayor alcance y cobertura en las Américas, a  costos relativamente bajos. Brasil ha argumentado que el SIDA es una emergencia de salud. Igual argumento ha presentado Sudáfrica. Si el SIDA no es una emergencia sanitaria, que puede serlo?

Las empresas farmacéuticas más grandes del planeta se han lanzado en contra de estos dos países, y han solicitado a la OMC una condena explícita a estas decisiones. Igualmente han presentado una demanda al equivalente de la suprema corte Sudafricana. De prosperar las demandas, Brasil tendría que suspender la producción local de genéricos de los antiretrovirales y tendría que multiplicar por algo así como 2,5 veces su gasto en estos  medicamentos. De no hacerlo sería objeto de sanciones económicas que no pueden seriamente considerarse como alternativa. Similar suerte correría Sudáfrica.

Es llamativo observar que para estas demandas, las grandes multinacionales han contado con un fuerte apoyo del Gobierno de los Estados Unidos.  Y hay que recordar como ha sido precisamente la gran industria farmacéutica una de las más importantes financiadoras de la campaña política que llevó a G. Bush a la Casa Blanca, como lo manifestara con preocupación el editorial del British Medical Journal del mes de enero de este año.

Así las cosas la pelea parecería perdida por lo desigual y lo agresiva. Pero felizmente queda en el planeta quien, desde el sector No gubernamental, el que reivindica que no solo el lucro puede mover voluntades y montañas, este levantando la voz hasta que se escuche. ONG´s  como Healh Action International y su filial en América Latina AIS (Acción Internacional por la Salud), OXFAM, organismos de defensa de los consumidores, están actuando para que el tema se discuta ampliamente. Pero sin duda es Médicos Sin Fronteras, la Organización premio Nobel de Paz, la que ha conseguido un enorme liderazgo en este vital asunto. Vital por el número de vidas de que estamos hablando.

Un tratamiento con Antiretrovirales de patente le puede costar a un enfermo de un país Africano (o Latinoamericano) entre US $ 10.000 a 15.000 por año. Sobran comentarios sobre las posibilidades de acceso real.  En Colombia, en donde contamos con un Fondo de Medicamentos de Alto Impacto que comercializa estos productos a precios muy razonables, el costo puede estar cerca de los US $ 7500. Y aunque el resultado es bueno, es una fuerte carga para el sistema de seguridad social.

Un tratamiento de productos genéricos similares puede costar en Brasil de US $ 3000 a 4000 por año. Pero recientemente algunos fabricantes de la INDIA han ofrecido esquemas similares a un costo entre US $ 400 a 600 al año. De nuevo sobran  comentarios.

Estas diferencias tan abrumadoras solamente pueden deberse a enormes brechas en la calidad, o a exageradas aspiraciones de lucro.  Y la gran industria busca por todos los medios convencer a la población, y en especial a los médicos, que la calidad es el motivo.  Y en muchos casos tienen éxito. Muchos médicos y pacientes asocian “mejor” con “más caro”.

Pero no es el caso. Mal podría aceptar el Estado, en Colombia y en el mundo entero, que se pudieran ofrecer productos peligrosos o inútiles a los pacientes, por ahorrar unos pesos. Solamente aquellos medicamentos de eficacia comparable pueden ser ofrecidos en el mercado. Así funciona en los Estados Unidos, uno de los países con mayor desarrollo de la oferta de genéricos del planeta, y así funciona en Colombia. Y en el mundo entero, con las diferencias que el desarrollo del estado muestra en los diferentes países.

También se justifican las diferencias por los costos de investigación. Sin embargo con precios de semejantes niveles, las ganancias de un solo año pueden perfectamente superar las inversiones en investigación de una década. Este solo argumento justifica una presión y una lucha para la reducción substancial de los precios, a juicio de MSF y las ONG’s socias en esta empresa. Pero curiosamente en el caso de estos medicamentos (campeones de precios en el mercado) la mayor parte de los gastos de investigación fueron y siguen siendo realizados con fondos públicos.  El AZT fue desarrollado básicamente por el NIH de los Estados Unidos. Muchos otros son resultado o consecuencia de investigaciones estatales.  Resulta por lo menos dudoso que este argumento pueda ser sostenido por mucho más tiempo.

Médicos sin fronteras abunda en el tema. Se pregunta y nos pregunta, de que depende el precio de un medicamento?  El Fluconazol, un medicamento necesario para el tratamiento de las infecciones oportunistas del SIDA tiene una alto costo. Pero al realizar una investigación sobre los diferentes precios de este producto en diferentes países  nos llenamos de sorpresas no solamente por las diferencias de precios entre el producto de marca y los genéricos, sino por el diferente precio del mismo proveedor, en los diferentes países. Y no es el ingreso la variable determinante:  

FABRICANTE/PAIS

PAIS DE DISTRIBUCION

PRECIO POR UNIDAD US $

BIOLAB / TAILANDIA

TAILANDIA

0.29

CIPLA / INDIA

INDIA

0.64

BUSSIE / COLOMBIA

GUATEMALA (Negociado)

3.00

PFIZER

TAILANDIA

6.20

VITA / ESPANA

ESPANA

6.29

PFIZER

SUDAFRICA

8.25

PFIZER

KENIA

10.50

PFIZER

ESPANA

10.57

PFIZER

GUATEMALA (Negociado)

11.84

PFIZER

EEUU.

12.20

PFIZER

GUATEMALA (No Negociado)

27.60

Médicos sin fronteras ha sido muy enfático en señalar que estamos ante un debate de derechos humanos, frente a derechos comerciales. Del derecho de patentes frente al derecho de los pacientes, como titulara The Lancet en agosto de 2000,  hace unos meses. Las personas viviendo con el VIH y con el SIDA requieren acceso a este tratamiento. Y su costo no es solamente un debate comercial. Es un asunto de ética.

Y aunque la situación del VIH-SIDA es realmente catastrófica en los países del Africa, la situación de acceso real a estos medicamentos en cualquier país de América Latina no es muy diferente. En nuestro caso con una cobertura del sistema cercana al 50% de la población, son muchas las personas que se quedan sin opciones. Y para el 50% asegurado no tenemos certeza de por cuanto tiempo será sostenible económicamente. Brasil ha demostrado que tratar los casos detectados reduce dramáticamente las muertes, las complicaciones y los gastos de hospitalización y tratamiento de las complicaciones. Y es una viejisima verdad en epidemiología que tratar los enfermos reduce la probabilidad de contagio.

Pero el problema tiene otra faceta, que por no ser en el fondo diferente, alimenta el debate. La industria farmacéutica ha abandonado y sigue abandonando cada día, la producción de medicamentos para las enfermedades de los pobres de los países pobres. Sus recursos de investigación ya no se invierten en buscar nuevas y mejores alternativas para la Malaria, otras parasitosis como la enfermedad del sueño o la enfermedad  de Chagas, por que no son rentables, o no tan rentables como la obesidad, o las patologías crónicas de los ricos de los países ricos. Aparece entonces la categoría de los denominados “medicamentos Huérfanos”, los que nadie quiere producir para hacer evidente que más que la salud, que la calidad o que la preocupación por los pacientes, el motor de estas gigantescas empresas esta en el lucro.

Esperaremos ansiosamente el pronunciamiento de la corte Sudafricana y de la OMC.

 


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