Reportaje

 

Oscar Fresneda Bautista
Investigador Social

 

Nuestro Personaje en la LV edición de Salud Colombia es Oscar Fresneda Bautista. El profesor Fresneda es Sociólogo, Magíster en Economía de la Universidad Nacional, investigador social. Trabaja como investigador asociado en el Centro de Investigaciones para el Desarrollo y la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional. Ha trabajado en proyectos de investigación en el DANE, donde también dirigió el estudio de indicadores de pobreza. Asesor para el el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo y en proyectos regionales de pobreza y nacionales.  También ha sido consultor en Planeación Nacional, la Contraloría General, el Ministerio de Desarrollo y el  IDEAM.

El profesor Fresneda es un reconocido investigador social y autoridad nacional en el tema de la pobreza y la política social. En consecuencia, el SISBEN ha sido para el profesor objeto privilegiado de investigación en los últimos años, tema en cuyo análisis difiere de la posición oficial del DNP. Por ello  es nuestro invitado en Salud Colombia.


 

 

          SC.- Como estudioso en indicadores de pobreza y en este campo social, ha tenido oportunidad de evaluar el SISBEN, el Sistema de Identificación de Beneficiarios de Subsidios del Estado, que ha tenido particular importancia para el sector salud por la obligatoriedad del instrumento para el otorgamiento de los subsidios. Recientemente, primero, en un estudio muy importante en Bogotá, Podría señalarnos los hallazgos más relevantes arrojados por el estudio en la capital?

 

OF.- Yo creo que más que los métodos de identificación, el problema de fondo que se plantea es el de la afiliación. El SISBEN comenzó a aplicarse en 1995 en forma generalizada en todos los municipios del país y fue en ese momento uno de los instrumentos que permitió que la salud llegara a los sectores más pobres. Colombia, dentro del contexto de América Latina, tenía unas tasas de afiliación y de acceso a servicios de las más bajas de América Latina. Y la aplicación de la Ley 100 y de uno de los instrumentos adoptados para ponerla en práctica, el SISBEN, llevó rápidamente a que un segmento importante de los pobres accediera a la salud y tuviera un aseguramiento. Sin embargo, a partir del año 97, es decir dos años después de la aplicación masiva del SISBEN, empieza a verse que el Régimen Subsidiado llega menos a los pobres. Esto se ve tanto a nivel nacional como a nivel de Bogotá, y esa condición que se ha puesto como prioritaria para acceder al Régimen Subsidiado, que es mantener la continuidad en la afiliación, se ha convertido progresivamente en un instrumento para excluir a los pobres y para que cada vez menos pobres accedan a los servicios.

 

En encuesta de marzo del año pasado se veía que más o menos el 20% de los pobres estaban afiliados al Régimen Subsidiado. Dos años antes, en 1997, esta tasa era de 27%. Es decir, estamos afiliando cada vez menos pobres a pesar de que el fenómeno de la pobreza viene creciendo. E, independientemente del mecanismo de selección utilizado, se ve que, llamémoslo así, la focalización, tomando como punto de referencia a la población pobre, está discriminando menos. ¿Qué quiere decir esto? Que, finalmente, los mecanismos de selección están fallando. Sabemos todos por qué: el SISBEN, independientemente de su calidad técnica, no se actualiza, la mayor parte de los municipios lo tienen hecho desde hace 4 o 5 años. La gente se la juega a la afiliación y eso trae sesgos en la información que son bien conocidos. Y, finalmente, no digamos el SISBEN, la forma como se está manteniendo la permanencia en la afiliación al Régimen Subsidiado está llevando a que esté llegando menos a los pobres y a que finalmente los pobres no accedan a la salud. Estos son, digamos resultados generales, pero que de alguna manera también se reflejan en el estudio de Bogotá.

 

    SC.- Expliquemos como es que en el 97cubría el 27% de los pobres de Bogotá y  en el 99 cubre sólo el 20% de ellos.

 

OF.- Estoy hablando de datos nacionales. Al comparar la encuesta 2000 con la encuesta 97 se ve que, a pesar de que ha habido un incremento en afiliados, se está cubriendo menos pobres. Se presenta un doble efecto: La pobreza ha crecido en estos años. Tenemos una tendencia propia de los períodos de recesión en que hay aumento de pobreza. Pero, a pesar de eso, estamos llegando a menos pobres. Uno diría: más pobreza, más fácil focalizar, pero aquí está pasando la cuestión inversa. Esto significa también que no se tiene en cuenta el ciclo de vida de la pobreza, por ejemplo las familias jóvenes con hijos pequeños siempre hay una incidencia de pobreza, son los momentos más difíciles y los que exigen más recursos. La persona está empezando a ingresar en el mercado laboral, tiene sus hijos, sus obligaciones... Y ahí, pero en el curso de 5 o 6 años hay un mejoramiento... Mantener fija la afiliación es de por sí un problema teniendo en cuenta esto. Bueno, estoy hablando de datos nacionales todavía, en el estudio del Régimen Subsidiado de la Universidad Nacional estamos constatando esto.

 

El problema del SISBEN no es únicamente un problema técnico. Es decir, no es simplemente la calidad de un índice para discriminar pobres, donde se podrían ver cuáles son las ventajas y las desventajas. El SISBEN excluye relativamente bien a los no pobres, pero deja de lado muchos pobres. En ese sentido es un instrumento débil, que de todas maneras puede apoyar, puede racionalizar un poco el proceso de selección: contrarrestar ciertas tendencias de preferencias, de clientelismo, de amigismo en la selección. Pero, ni técnicamente, ni por el principio que tiene, puede garantizar una selección plena, una selección perfecta. Y eso pasa con todos los índices, y además el SISBEN no ha sido estudiado como método de selección particularmente para el Régimen Subsidiado. Es decir, se aplica un criterio general de asociación con ingresos. La Ley 100 habla de que el Régimen Subsidiado debe llegar a los que no tienen capacidad de pago para cotizar en el Régimen Contributivo. Es decir, finalmente es un criterio de ingresos. Habría que ver si ese criterio de ingresos es el más adecuado para subsidios de salud. Primero, no sólo porque los ingresos son muy difíciles de captar, y se requerirían encuestas muy especializadas para tener precisión de cuánto gana la gente, cuáles son sus recursos, su ingreso permanente, porque no es el ingreso corriente, sino también porque los programas de tipo focalizado tienen como misión y vocación solucionar determinados problemas particulares. Aquí estamos en el campo de la salud. Es decir, para eso no se podría utilizar, por ejemplo, una línea de pobreza como la que se hace para estudios globales, sino que habría que ver cuál es la línea de pobreza adecuada. Y, más que eso, mirar cuáles son los segmentos poblacionales más vulnerables, en términos de carencia de capacidades de salud.

 

Yo creo que desde ahí tendríamos que revisar críticamente las experiencias anteriores a la Ley 100, donde había más un criterio de vulnerabilidad respecto a salud de poblaciones que son especialmente vulnerables ante dichos problemas de salud. Por ejemplo, población discapacitada que tiene menos posibilidades de acceder a los servicios, población infantil, mujeres embarazadas y en lactancia, personas en tercera edad, poblaciones en determinadas zonas especialmente malsanas y que digamos tienen más riesgo a determinadas enfermedades.... que efectivamente son los que tienen más carencias frente a ese bien que es la salud. La Ley 100 de alguna manera combina los dos criterios o trata de combinarlos, pero ese criterio de, llamémoslo así, de vulnerabilidad ante la salud queda un poco desdibujado. Y los criterios de selección también han tratado de hacer esa mezcla, ese puntaje SISBEN, pero se dan unas prioridades. Lo que pasa es que la prioridad principal es mantener la afiliación, entonces los nuevos cupos que finalmente se reparten son muy poquitos frente a lo anterior.

 

El esquema de Ley 100 decía claramente: vamos a lograr la afiliación en el 2001, todos los colombianos afiliados a la Seguridad Social; pues finalmente en este momento no tenemos como perspectiva inmediata, futura, es decir ni siquiera estamos pasando la mitad de la meta cuando ya se debió haber cumplido la totalidad. Entonces, hay que revisar los criterios de afiliación. No se puede decir: bueno, mantengámoslo todo hasta que lleguemos al 100%, porque lo que estamos haciendo es, de alguna manera, con un criterio de facilidad, es decir de no tomarnos el trabajo de hacer efectivamente la afiliación y de escoger a los más débiles, a los más vulnerables; entonces mantenemos la afiliación con la antigua perspectiva, que íbamos a lograr la afiliación total en 5 años o en 6 años. Entonces en este momento tenemos que revisar, no se trata de ir afiliando y manteniendo afiliados, sino que, con los pocos recursos que tenemos, ver cómo los distribuimos más eficientemente. Entonces la perspectiva cambia pero no ha cambiado para la afiliación a salud. Se sigue con el viejo esquema, a pesar de que en este momento es totalmente incierto cuando vamos a lograr la totalidad de afiliación. Y eso significa revisar también nuestros mecanismos de identificación y selección, de afiliación, y hacia qué poblaciones privilegiamos estos subsidios, y cómo se hacen los subsidios también. Es decir, hay que buscar un mecanismo que no tenga efectos perversos sobre el comportamiento de los individuos.

 

Cuando se focaliza con base en ingresos estamos introduciendo en la cultura nacional una serie de valores y estamos induciendo una serie de comportamientos. Cuando a alguien se le pone como condición ser pobre para recibir un subsidio, o tener piso de tierra, o no tener televisor, o tener muchos hijos, todo esto está generando incentivos. O sea, no es simplemente la distorsión de la información. Es que mantener las condiciones de miseria, el piso de tierra, mantener la carencia de televisor me da ventajas.  Entonces generamos unos incentivos que son, digamos, perversos y que hay que controlar. O sea, por principio uno tendría que ver cuáles son los criterios que no generan un país de mendigos y de limosneros. Es decir, que generemos más bien incentivos para que la gente salga de la pobreza y no para que se mantenga en la pobreza para recibir un apoyo. Eso también sería muy importante revisarlo como criterio de focalización.

 

En el estudio que tenemos adelantado en la universidad, no tenemos todavía conclusiones definitivas. Sabemos que el SISBEN tiene fallas técnicas, sabemos que tiene inmensas fallas en su operación concreta, que en la práctica y en la operatividad se ha convertido en un obstáculo para la afiliación en la medida en que muchos municipios no están respondiendo ni siquiera a las demandas para que se les hagan las encuestas. Pero, más que eso hay que mirar todos estos aspectos, quiénes son las personas meritorias de un  subsidio y cuáles son las formas de asignar esos subsidios en términos de cuáles son las poblaciones más vulnerables, las que tienen menores capacidades respecto a un bien particular que es la salud y no un problema general. Con los subsidios de salud no vamos a acabar la inmensa desigualdad de ingresos y de oportunidades. Se busca, con este panorama, reducir la brecha entre personas más pobres y personas más ricas, pero respecto a un bien particular que es la salud, y creo que los criterios de focalización dentro de un contexto global, que no es únicamente afiliar indiscriminadamente, sino tener en cuenta toda la situación de conjunto. El llamado del proyecto de la Universidad Nacional es a hacer una reflexión general sobre estas cuestiones y a partir de definir cuál es la población destinataria del régimen subsidiado, que no está bien definida, ni a nivel global, porque, por ejemplo la cobertura del régimen subsidiado se está midiendo erróneamente  con respecto a la población con NBI.

 

Por un lado, la Superintendencia de Salud, utiliza las herramientas y conocimientos que hay para medir cobertura, porque no hay más, utiliza NBI. Pero la población destinataria, tal como dice la Ley 100 y todos los acuerdos del Concejo Superior de Seguridad Social, no es la población NBI, sería más bien la población con línea de pobreza, y entre una medida y otra tenemos una distancia casi de 9 a 10 millones de personas.

 

     SC.-  Bueno, pero ello corresponde a una política de darle subsidios sólo a los más pobres de los pobres que, por cierto, ayer una misión internacional recomendaba de nuevo para Colombia: Fortalecer el SISBEN pero dirigido exclusivamente a los más pobres de los pobres. No sólo para salud sino también para todas las áreas sociales.

 

OF.- Sí, pasamos de un esquema del año 94, cuando se tenía el optimismo de llegar rápidamente a cerrar las brechas, a aumentar el ingreso, un poco con la idea de que el crecimiento tenía como consecuencia disminuir la desigualdad. Hoy, estamos en un período de crisis y se pasa a mirar cómo los métodos, digamos los programas sociales, tienen que estar focalizados sobre la población más pobre.  Esto habría que saberlo leer: ¿Cómo medimos a esos más pobres? Yo creo que en salud es desde el punto de vista de los que son más vulnerables a los problemas de salud. Y creo que ahí se solucionarían muchos problemas de las distorsiones. Es decir, una madre embarazada es muy fácil de identificar, un niño de determinada edad, un discapacitado. Casi que los sistemas de focalización serían relativamente sencillos.

 

      SC.- Pero eso es lo que están haciendo los alcaldes. Están afiliando sólo enfermos, ancianos, en el régimen subsidiado de los municipios y ya se nota una diferencia enorme, pues en el R. Subsidiado hay mucha más población mayor de 60 años que en el grupo de vinculados, donde está la mayoría de la población pobre. O sea, ya se comprueba que en alguna forma los alcaldes...

 

OF.- Sí, yo creo que sí se ha venido haciendo eso y en la última afiliación de Bogotá que abrieron, por fin abrieron el SISBEN de nuevo, se observa eso. Pero sigue primando una cosa, los que están afiliados permanecen y simplemente las colitas adicionales son para los otros. Ése es el problema.

 

     SC.- Pero se trata de un problema de universalidad y de un problema de aseguramiento, que incluye sanos y enfermos, contra un problema de prioridad en la atención a salud. Dentro del concepto de aseguramiento no cabe esa prioridad. Dentro del concepto de aseguramiento es población general, porque se supone que el costo del seguro depende de que haya población sana y  población enferma reunidas, para determinar un valor de seguro donde el sano compensa al enfermo. En ese sentido, ese criterio de vulnerabilidad, como el que ha aplicado la Corte Constitucional para obligar a incluir en el régimen subsidiado a personas con enfermedades graves como el sida, y otras, aunque no pertenezcan a los niveles 1 y 2 de pobreza, rompe con el esquema de aseguramiento. He ahí el problema.

 

OF.- Habría que ver: finalmente el criterio definitivo es mejorar la salud, y consideramos que una forma para eso que es lo efectivo y lo real, es que se acceda a los servicios de salud. Hay distintas formas de acceder:  Podría ser por aseguramiento, o como se está haciendo, privilegiando en otros municipios a través de dar algún apoyo a los vinculados, es decir a las personas no afiliadas. Pero finalmente el criterio es acceso a los servicios de salud. Si el aseguramiento es una forma de acceder a los servicios, de que la población tenga acceso a los servicios, pues digamos, estamos hablando más o menos de lo mismo. Ahora, también habría que revisar eso. Podría uno decir: bueno, mantengamos un sistema en que la gente sigue yendo a los hospitales y no paga, que finalmente es otra forma cómo se están haciendo los subsidios, porque los subsidios se están haciendo, digamos, de forma descoordinada. Por un lado los subsidios por afiliación y, por otro, los subsidios tradicionales de oferta. Y no hay tampoco una política clara sobre eso. Unos municipios se la juegan por un lado, otros se la juegan por otro. Pero creo que también el criterio de afiliación hacia poblaciones vulnerables, finalmente, buscaría que tengan posibilidades de acceso a los servicios de salud.

 

    SC.- Otro tema importante es el que tiene que ver con los grandes y pequeños municipios, con lo rural y lo urbano, en lo que tiene que ver con el SISBEN, porque se han encontrado grandes diferencias entre la aplicación del SISBEN en pequeños y grandes municipios.

 

OF.- En municipios que tienen índices de pobreza sumamente elevados, que uno simplemente con la medida NBI -que en general subestima la pobreza, y a veces la subestima en proporción importante-, yo no creo que valga la pena en esos municipios pequeños y pobres, donde tenemos índices del 80 y del 90%, utilizar técnicas muy sofisticadas para seleccionar a los pobres. Pero se podría decir, por otra parte, que quizás el SISBEN funciona mejor en los municipios pequeños, donde hay más control social, siempre y cuando no existan también hay mayores posibilidades de politiquería y de enredar a la gente porque esta tiene menos posibilidades de defenderse.

 

       SC.- ¿Y qué pasa en los grandes?

 

OF.- En los grandes es una operación que finalmente pierde el control de la población. Se vuelve un operativo que tendría casi la magnitud y el costo de un censo de población. Que además tiene que estar actualizado. Técnicamente, el SISBEN puede ser como índice mejor, pero se pierde un poco el control. Es lo que pasó en Bogotá finalmente pues, digamos que arrancó mal con el SISBEN, afiliando la población de los estratos 1 y 2, y después en forma desorganizada empezó a aplicar el SISBEN en determinadas zonas, sin cuidarse muy bien de que las zonas que tuvieran menos acceso y en las que estaba la población más pobre fueran cubiertas por el SISBEN. Y todavía no tiene ni un norte ni un plan para actualizar el SISBEN. Entonces es un operativo que se vuelve técnicamente muy complicado y que finalmente da lugar a muchos errores. Lo que hemos encontrado en el estudio es que finalmente los municipios pequeños están invirtiendo relativamente mucho más en SISBEN, en términos de tener por lo menos un funcionario encargado de eso; que una ciudad como Bogotá, donde hay un equipo de 5 o 6 personas para 6 millones de habitantes. Y eso corresponde con las políticas de afiliación. Es decir, cuando no hay, digamos, la decisión política de ampliar la cobertura, efectivamente lograr la afiliación, renovar los recursos, entonces finalmente el SISBEN, en las ciudades donde hay mayor movilidad, donde los flujos migratorios son más importantes, donde los ciclos del ingreso, también, son más marcados, pues digamos se va convirtiendo en una cosa cada vez peor. Uno diría: en un municipio pequeño, el SISBEN razonablemente puede dar una idea de lo que era el municipio hace cuatro años. En Bogotá, digamos, la dinámica urbana es tan grande...

 

    SC.- En Medellín igual, no se actualiza hace cinco años.

 

OF.- Pero tiene otro esquema organizativo, de modo que uno diría que en Medellín tienen más interés en que el SISBEN funcione bien. Si bien no lo han actualizados, tienen un mecanismo de respuesta. Por ejemplo, no tienen tanto atraso o muy poco atraso frente a encuestas a la demanda. En Bogotá la cola es de un año, y con todos los problemas. Entonces, contratan para reducir la lista de espera y resulta que la gente ya vive en otro lado, y se vuelve entonces eso un círculo vicioso en que nunca se sale de eso, nunca se actualiza y, finalmente, tampoco se ve que haya una voluntad política de jugársela por la afiliación al régimen subsidiado, y más paracería que se la han jugando por atender a los vinculados.

 

         SC.- Volviendo a la recomendación que hace esta semana la misión internacional de fortalecer el SISBEN en Colombia. ¿Si preguntara cómo fortalecerlo, cuál sería la respuesta? ¿Cómo fortalecer el SISBEN?

 

OF.- Yo creo que una de las enseñanzas, digamos que todavía no es un consenso dentro del equipo de trabajo nuestro,  es que todavía no hay un sistema de focalización universal, que para cada programa tenemos que precisar cuál es el sistema de focalización más adecuado. No conozco las recomendaciones de la misión internacional, pero son cosas que han sido muy discutidas en la década pasada, sobre todo cuando se pasó del esquema de subsidios a la oferta al esquema de subsidios a la demanda,  discusión que afortunadamente está de nuevo sobre el tapete. Tal vez ya con la riqueza de una experiencia anterior. Pero, el SISBEN se está utilizando indiscriminadamente para educación, para salud, en muchos casos para vivienda y para otros programas. Yo diría: miremos qué requiere cada programa en particular. Y dentro de un contexto de cuáles son también los incentivos y cuáles son los costos sociales de un sistema de focalización, en términos de distorsiones de información, en términos de incentivos perversos sobre la motivación de la gente a ser ciudadano, en términos de generar corrupción y, como dice, Amartya Sen, el problema de la focalización por ingresos es un problema de compromiso, donde no sale exactamente de una fórmula sino que es un problema político en el sentido grande, es decir ¿Qué sociedad queremos? Queremos una sociedad igualitaria, pero también queremos una sociedad de ciudadanos activos, y no simplemente de mendigos. Ahora, yo diría, está bien, y en este momento de crisis es dramático, pues es que la gente se está muriendo de hambre.   Pero entonces tomémoslo como una medida de choque que es importante, pero también generemos las posibilidades de salir de eso, y digamos, de minimizar esos incentivos perversos y esos costos sociales, como la corrupción, que pueden ser tan graves como la pobreza misma.

 

           SC.- Usted ha dicho que para usted el SISBEN es más un programa que un instrumento de focalización de subsidios. ¿Podría explicar eso?

 

OF.- Sí, es decir es un poco la relación entre un instrumento técnico y las instituciones sociales. Gran parte de la literatura que hay sobre el SISBEN, la que ha sido publicada en revistas nacionales e internacionales, se trata el SISBEN simplemente como un índice y se ven sus ventajas ya sea como una expresión del bienestar en términos de la teoría económica clásica, es decir en términos de utilidad, o ya sea en términos de estándar de vida. Eso, digamos, yo creo que son discusiones interesantes en los medios académicos, pero el SISBEN es mucho más que eso, el SISBEN es también, en términos institucionales, organizativos, es un programa. En el municipio de Medellín lo entienden un poco así. ¿Qué significa? Es una metodología que se aplica y que tiene unos procesos técnicos operativos que determinan la forma como se aplica el mecanismo y que está inserto en una serie de instancias del Estado, etc., que tiene control social, donde entran también las organizaciones comunitarias entre la ciudadanía, etcétera. Pero, además de eso, es considerarlo como, llamémoslo así, como parte de las instituciones sociales y como parte de la cultura. Es decir, cuando se crea una palabra, es porque hay ya un concepto colectivo en el fondo. Cuando hablamos de SISBEN ya no estamos hablando de una sigla. SISBEN ya para la gente quiere decir Régimen Subsidiado, quiere decir acceso a los servicios de salud. Se volvió verbo: Sisbenizar: “estoy Sisbenizado, voy a Sisbenizar”

 

      SC.- Y en ese sentido, de programa, lo grave entonces es que el SISBEN al clasificar, deja la mitad de los pobres por fuera.

 

OF.- Como problema técnico, como problema cultural e institucional es un problema, como decía, de ¿Cuál es la sociedad que queremos? Donde no es un problema tecnocrático únicamente, aunque tenemos que buscar la solución técnica. Técnicamente, se encuentra. Uno puede medir la calidad del SISBEN y encuentra, como comentaba anteriormente, que el SISBEN, relativamente, en condiciones de encuestas de alta calidad, como la encuesta de calidad de vida del año 97, que costó varios miles de millones de pesos, pero que no se puede aplicar digamos así para hacer focalización. En esas condiciones, que podríamos llamar de laboratorio, se puede precisar cuál es la calidad óptima del instrumento cuando hay información perfecta. En esas condiciones vemos que el SISBEN como instrumento de selección es relativamente bueno para excluir a los no pobres, pero tiene muchas deficiencias para seleccionar a los pobres. Es decir los que selecciona son pobres, pero excluye casi la mitad de los pobres. Y en ese sentido, digamos un poco anecdóticamente, si tenemos una tasa de pobreza del 50%, que es más o menos lo que da la encuesta de calidad de vida en ese momento, la eficiencia del índice SISBEN para seleccionar los pobres es casi la misma que la de cualquier método aleatorio o al azar, digamos, como la moneda. Si tenemos 50 y 50 para seleccionar pobres, casi es lo mismo tirar una moneda y decir: cara, pobre; sello, no pobre y obtenemos más o menos el mismo resultado en un grupo de pobres.

 

      SC.- Pero, de ese 50 y 50, ¿Se podría decir que se cumple la pretensión tecnocrática de escoger el 50% de los más pobres de los pobres?

 

OF.- Sí. Hay una relación.  El SISBEN es más preciso tomando línea de indigencia, que señala las familias sin el ingreso necesario para comprar una canasta básica de alimentos. El SISBEN tiene más eficiencia sobre los más pobres. Digamos, como instrumento. Digamos también, en estas condiciones de laboratorio seleccionaría mejor esa población. Ahora, sigue el problema de que excluye una proporción importante de los pobres.

 

      SC.- Pero eso no sería el SISBEN, sino la decisión del sector salud de sólo dar hasta nivel 2 subsidios, sólo hasta 48 puntos...

 

OF.- El índice SISBEN se ha tratado de decir que es puntaje que da un ordenamiento relacionado con bienestar o con estándar de vida. Se ha dicho también que es una medida de pobreza. Finalmente, para el puntaje SISBEN se han determinado unos niveles, que también forma parte de la metodología SISBEN. El SISBEN es las dos cosas, es un puntaje y también es una forma de separar a los pobres de los no pobres. Y la separación se ha hecho con criterios técnicos, no simplemente con criterios políticos. ¿Por qué? Porque a partir de eso se estima cómo discriminar mejor los pobres o los no pobres, y si digo la pobreza está en los niveles 1 y 2 estoy tomando una decisión. El sector salud acogió eso, aceptó la recomendación sobre dónde fijar el límite.

 

      SC.- Entonces, ¿Esto corresponde simplemente a una decisión política de subsidiar sólo a los indigentes, no a los pobres?.

 

OF.- Yo creo que es un problema no únicamente del instrumento sino de saber cuáles recursos podemos destinar, cuál es la población que merece ser subsidiada. O sea, todos estos problemas políticos y de buscar el mecanismo técnico para eso. Yo no tengo conclusiones todavía sobre cuál es el mecanismo. Puede que en algunos casos sea un apoyo importante el SISBEN con algunas modificaciones. Si hay prioridades en salud sobre población digamos de determinadas características: madres embarazadas, población infantil. ¿Por qué no incluimos eso dentro de los criterios de selección. Es que yo le he oído muchas veces al Profesor Martínez una cuestión simpática desde el punto de vista que parece un chiste pero que es realidad. El SISBEN se vuelve circular: si yo pregunto si está afiliado a la Seguridad Social me da un puntaje más alto que le hace perder el subsidio, y después le pregunto otra vez le da más bajo y lo afilio y si lo vuelo a encuestar lo vuelvo a sacar. O sea, ¿Qué quiere decir eso finalmente? Que no está hecho para seleccionar a la población del Régimen Subsidiado, es decir que habría que, como mínimo, adecuar los puntajes para que no se creen esas circularidades. ¿Por qué no preguntamos cosas como si es incapacitado o no, qué tipo de incapacidad tiene? Bueno, son esas cuestiones....

 

 


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