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Editado en Bogotá D.C.

La salud y el ambiente...contaminado

A propósito de la crisis de la salud pública, en la sección de noticias de la edición 37 de Salud Colombia se cuestionaban las últimas reestructuraciones del Ministerio de Salud, que en nuestra opinión significaban desandar el camino logrado por muchos años, sino décadas, en la conceptualización de la Salud Pública:

"La Ley 10 de 1990 pareció entender la esencia social y comunitaria de la Salud Pública y por ello consideró que la dirección de la Salud Pública no podría estar separada de la autoridad elegida por la propia comunidad. Sin embargo, en lugar de generar un gran proceso de desarrollo a través del debate y de las acciones comunitarias en procura de mejores condiciones de salud, la descentralización propuesta acabó convertida, merced a la Ley 60 de 1993, en un proceso de requisitos burocráticos para el manejo de recursos."

"En la reestructuración del Ministerio de 1990 ingresaron importantes conceptos de la Salud Pública como riesgos del consumo, riesgos del espacio público, de los establecimientos, de la vivienda, desarrollo humano, etc, pero no lograron el desarrollo esperado."

"La ley 100 de 1990 redujo en la práctica la Salud Pública a un Plan de Atención Básica para enfermedades prevalentes y dividió de tal modo las responsabilidades de su aplicación que hasta el control de las epidemias se convirtió en un desastre durante los últimos años. La reestructuración correspondiente del Ministerio en 1993 redujo el concepto de Salud Pública a una Dirección General de Promoción y Prevención, desandando muchos años conceptualmente."

"Con la nueva reestructuración del Ministerio.... se pretende reducir aún más el concepto de la Salud Pública e incluso derivar muchas funciones de prevención hacia el Instituto Nacional de Salud. En esa estructura, por supuesto, seguirán sin cabida gravísimos problemas actuales de salud pública como la accidentalidad por vehículos automotores, la contaminación del aire en las grandes ciudades, la desnutrición, el aborto, la calidad del agua y los alimentos, mientras otros seguirán reducidos a la mínima expresión.. como en la actualidad lo están los riesgos laborales, la salud oral, la salud sexual, la salud mental y muchos más que agobian a la sociedad colombiana, aparte de la violencia misma".

Estas frases recobran hoy vigencia con el lanzamiento, por parte de la Organización Mundial de la Salud, de la política de "La Salud y el Ambiente en el Desarrollo Sostenible", con motivo de los cinco años de la Cumbre de la Tierra de Rio de Janeiro. En la publicación que da a conocer la nueva política, se afirma que "La mala calidad del medio ambiente es directamente responsable de alrededor del 25% de todas las enfermedades evitables del mundo actual".

Las grandes conclusiones, que pueden observarse en el Informe Especial de esta edición, son de esta índole: "El mayor riesgo de degradación del medio ambiente afecta a las poblaciones empobrecidas que habitan en zonas urbanas o periurbanas. Los efectos acumulativos de los alojamientos riesgosos e inadecuados, el hacinamiento, la carencia de suministro de agua y saneamiento, los alimentos en mal estado, la contaminación del aire y del agua y las elevadas tasas de accidentes tienen un fuerte impacto en la salud de estos grupos vulnerables.... La contaminación del aire contribuye de forma prominente a varias enfermedades (IRA, enfermedades respiratorias crónicas, enfermedades cardiovasculares y cancer) y, en general, a reducir la calidad de vida."

En contraste con esta política de la OMS, el sector salud en Colombia se queda sin fuero, pues, por ejemplo, en el Proyecto de Ley de Salud Pública presentado al Congreso y específicamente en el contenido del Artículo 23, PARAGRAFO 2, se propone: "En relación con las actividades que producen contaminación atmosférica, de suelos y aguas que afecten o puedan afectar la salud humana, las funciones de regulación y control a cargo del Ministerio del Medio Ambiente y demás autoridades ambientales, serán ejercidas en consulta con el Ministerio de Salud o autoridades territoriales de salud según el caso."

No dudamos en afirmar que el riesgo más grave para la salud de siete u ocho millones de personas residentes en Bogotá tiene que ver con la contaminación del aire, cuyos efectos son ya medibles en los incrementos de la morbimortalidad por enfermedades respiratorias. Frente a tal problema, resulta aterrador escuchar y leer que el proyecto de transporte que se diseña para las próximas décadas, podría estar basado en la tecnología sucia que hoy genera la mayor contaminación y el mayor riesgo en la capital, los motores diesel, los mismos que están siendo rechazados en todos los países del mundo desarrollado, después de saberse que expulsan en sus negros humos las más potentes sustancias cancerígenas conocidas.

El Ministerio de Salud reafirma la cesión de la función de regulación y control al Ministerio del Medio Ambiente. Hasta ahora esa cartera no se ha pronunciado públicamente sobre este proyecto tan riesgoso para la salud, (no la de los pajaros de los humedales sino la de ocho millones de personas, o más de diez a mediano plazo). Tal parece que un Ministerio seguirá protegiendo los pajaritos y el otro culpando al cigarrillo de todos los males respiratorios, mientras la Alcaldía de Bogotá construye este atentado contra el ambiente y los ciudadanos, por supuesto para beneficio de los transportadores de la capital, ampliamente conocidos por manejar el servicio público "siempre" con la óptica del máximo bienestar para los bogotanos.

 


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