Oleo del maestro Demetrio Jimenez

 

Informe Especial

 

El Impacto de la Reforma (III)


 

UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA

FACULTAD NACIONAL DE SALUD PUBLICA

"Héctor Abad Gómez"

 

IMPACTO DE LA REFORMA DE LA SEGURIDAD SOCIAL SOBRE LA ORGANIZACIÓN INSTITUCIONAL Y LA PRESTACIÓN DE LOS SERVICIOS DE SALUD EN COLOMBIA.

Director de Investigación: Alvaro Cardona

Grupo de Investigación: Emmanuel Nieto, Ma. Patricia Arbeláez, Héctor Byron Agudelo, Blanca Miriam Chávez, Adán Montoya, Alejandro Estrada R.

(continuación Conclusiones)

Capítulo 6.

6.6. SOBRE LA DEMANDA Y UTILIZACION DE SERVICIOS DE SALUD Y EL PERFIL EPIDEMIOLOGICO.

Según la encuesta nacional de calidad de vida, realizada en 1997, el 67.4% de los colombianos calificó como muy bueno o bueno su estado de salud en general y el 32.6% como regular o malo. Cuando se comparó dicha calificación de acuerdo con la afiliación al SGSSS se encuentran diferencias estadísticamente significativas, siendo mayor la proporción de quienes califican como muy bueno su estado de salud entre los afiliados, sugiriendo que la condición de afiliación al sistema puede convertirse en un indicador de percepción de bienestar desde la perspectiva de salud.

En términos generales, la demanda y utilización de servicios de salud mostró ser significativamente mayor entre los afiliados con respecto a los no afiliados en servicios tales como consulta de carácter preventivo, consulta periódica por padecimientos crónicos, y hospitalización entre otros. Sin embargo, debe tenerse en cuenta que las diferencias identificadas en hospitalización no deberían presentarse por cuanto la indicación de la hospitalización debe ser independiente a la condición de afiliación.

En los últimos 30 días, el 15.9% de la población presentó alguna enfermedad, accidente, problema odontológico o algún otro problema de salud. Cuando se diferenció la conducta seguida frente al problema de salud presentado según afiliación, se encontró que una mayor proporción de los afiliados acudían a Instituciones de Salud (80.7%) en comparación con los no afiliados (66.9%), quienes en mayor proporción buscan alternativas como la automedicación, aplicación de remedios caseros y asistencia a teguas, empíricos o curanderos. Lo anterior pone de relieve la condición de desventaja de este último grupo en cuanto al acceso a los servicios de salud.

Los motivos principales por los cuales la población afiliada busca atención con los profesionales de salud, están relacionados con su condición de afiliación, por la cercanía, por ser el mejor y por recomendación; en cambio en los no afiliados los motivos fueron: por cercanía, por recomendación, por ser el más barato y por ser el mejor. Faltaría aclarar entre los afiliados que acuden por su afiliación, cuan libre es la elección de la Institución para ser atendidos. En los motivos que se adujeron se observa como hubo una opción al parecer más libre de escogencia entre los no afiliados, situación contraria a lo esperado dentro del sistema.

La mayor proporción de la población calificó como oportuna y de buena calidad la atención en salud recibida, esta calificación no mostró diferencias significativas según afiliación. Lo que puede insinuar que los condiciones de prestación del servicio se dan de manera independiente a la afiliación o no al sistema.

La utilización de medicamentos se convierte en un aspecto digno de atención dentro del sistema, en tanto que los hallazgos sugieren una alta proporción de automedicación en la población, un considerable gasto mensual por este rubro y insuficiente suministro de estos a la población con derecho a los mismos.

Cuando se compararon los pagos realizados por la población por los servicios de consulta, medicamentos y laboratorio se encuentra que pagan significativamente más los no afiliados que los afiliados, mientras que por odontología y vacunación lo hacen más los afiliados. De otro lado, no hubo diferencias según afiliación en los pagos hechos por transporte, rehabilitación, terapias de medicinas alternativas ni por lentes.

La mortalidad general alcanzó en 1995, 7.68 defunciones por cada mil colombianos y por sexo se situó en 9.32 defunciones por cada mil hombres y en 6.11 por cada mil mujeres, esto implica que el riesgo de morir en hombres es 1.5 veces el de las mujeres.

Al analizar la mortalidad en Colombia durante 1995, se encontró que siguen predominando entre las primeras causas, las muertes relacionadas con accidentes y violencia, las enfermedades crónicas como las cardio y cerebro vasculares, cardiopulmonares y tumores. En comparación con 1991, salvo ligeras variaciones, persiste la misma estructura de causas excepto el aumento de otras enfermedades del aparato respiratorio, la desaparición entre las diez primeras causas de la enfermedad hipertensiva, otros accidentes y tumores malignos de otras localizaciones; y la incursión de enfermedades de otras partes del aparato digestivo, enfermedades de las glándulas endocrinas, del metabolismo y trastornos de la inmunidad y los signos, síntomas y estados morbosos mal definidos. Este último aspecto pone de manifiesto la posibilidad de un deterioro de la calidad de los datos e información en general de defunciones y mortalidad con respecto a 1991.

 

  1. SOBRE EL DESARROLLO DEL ASEGURAMIENTO EN SALUD EN RELACION CON LA ESTRUCTURA LABORAL.

A lo largo de los años noventa, la fuerza laboral en las áreas urbanas de nuestro país registra una tendencia ascendente, haciéndose cada vez más adulta, más educada y femenina.

En los años posteriores a la reforma sanitaria, la demanda laboral pierde el fuerte dinamismo que había observado durante los años previos a la misma, especialmente en la industria, la construcción y el comercio, sectores que han sido particularmente afectados por el proceso de apertura económica.

El grado de salarización del empleo se reduce ostensiblemente, pasando de 69.8% en 1994 a 65.8% en 1998. Ganan participación las alternativas más precarias, como la prestación de servicios, el trabajo independiente y la informalidad.

La elasticidad del empleo al producto agregado se contrae de manera apreciable. Esa baja capacidad de generación de nuevos puestos de trabajo por parte del sistema productivo alienta una mayor precariedad a través de la informalidad, el subempleo, el empleo temporal y la reducción de los salarios.

Las tasas de desempleo alcanzan niveles pocas veces registrados en la historia reciente de nuestro país. Los grupos más afectados son los jóvenes y las mujeres, de conjunto con bajos niveles de escolaridad.

Gran parte de este desempleo es de carácter cíclico, en tanto que está asociado a la parte baja del ciclo económico y proviene de los procesos de despidos o quiebra de empresas en los sectores productores de bienes transables.

Con respecto a lo observado en los años previos a la reforma, los actuales niveles de cobertura de los ocupados urbanos no parecen ser significativamente superiores. De un 49.8% en 1992 se pasa a un 57.9 % en 1996.

Según posición ocupacional, las más bajas tasas de cobertura siguen registrándose entre los trabajadores que laboran en condiciones precarias, aunque de hecho gozan de una cobertura ostensiblemente mayor a la observada antes de la reforma.

En efecto, las posiciones con más bajas coberturas se observan entre los trabajadores familiares sin remuneración (8% en 1992 y 31.8% en 1996), los empleados domésticos (20.4% en 1992 y 27.6% en 1996) y los cuenta propia (12% en 1992 y 35.3% en 1996).

Según rama de actividad económica, las tasas de cobertura son coherentes con el tipo de ocupación antes señalado. Para 1996, las mayores tasas se observan justamente en las actividades con menor signo de precariedad del empleo. Son los casos de los servicios de electricidad, gas y agua(94.8%), servicios financieros(80.8%) y la industria(64.8%).

Con respecto al sector informal, las tasas de cobertura en las áreas urbanas se mantienen relativamente bajas no obstante su incremento con posterioridad a la reforma. De 21.6% en 1992 se alcanza el 53.1% en 1996.

Para 1996, en las áreas urbanas los afiliados al nuevo sistema de seguridad social en salud se caracterizan por sus bajos niveles salariales (71.2% por debajo de dos salarios mínimo legal), por su alta concentración en los servicios comunales, sociales y personales (29.6%), en el comercio (24.6%) y en la industria (22.9%), así como su condición de empleado particular (59.9%), empleado público(14.7%) y cuenta propia (18.3%).

Son justamente estos trabajadores los de mayor presencia en el régimen contributivo y bajo la condición de cotizante. En el régimen subsidiado, por su parte, los afiliados proceden en gran medida de los tres sectores ya mencionados, pero desde su condición de cuenta propia y particular.

Se percibe una tendencia general hacia niveles mayores de cobertura hacia aquellas ciudades con una relativa mayor concentración poblacional y de más alto desarrollo socioeconómico, tanto para el régimen contributivo como para el régimen subsidiado.

Al parecer, el acentuado desarrollo socioeconómico lleva aparejado una consolidación de las estructuras institucionales y formas de inserción laboral más propicias para el aseguramiento. Las empresas aseguradoras se localizan en mayor proporción en esas ciudades, entre otras razones por el mayor tamaño relativo del mercado que les permite retornos crecientes a escala. El mayor grado de salarización también favorece la creciente afiliación, especialmente como cotizante directo.

No obstante ciertos signos de ampliación de cobertura, hacia el futuro podrían presentarse serias dificultades, en tanto que las precarias condiciones macroeconómicas y laborales no se ajustan a las previstas por los gestores de la reforma. Estos desfases podrían incluso atentar contra la propia sostenibilidad financiera del sistema.

 

Medellín, 30 de Marzo de 1999.

 


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