Editorial

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Editado en Bogotá D.C.

¿Una reforma estancada?

El exministro de salud Juan Luis Londoño, gestor del Sistema General de Seguridad Social en Salud, repite con mucha razón que las reformas son como los besos, se dan completos o no se dan, pero no se pueden dejar a la mitad.

Y esto precisamente parece ser lo que sucede con el Sistema General de Seguridad Social en Salud en nuestro país. Han sido tantas las dudas y temores en su implementación, que la reforma parece hoy al observador externo tan lenta como Aquiles tras la tortuga, en las aporías de Zenón de Elea.

El objetivo final de que todos los habitantes de Colombia tengan un seguro de salud completo se ve cada día más distante, si no francamente amenazado. Si este principio de universalidad se pierde, la reforma no tiene mérito alguno.

Sin duda el incremento de la cobertura familiar en el régimen contributivo ha significado un avance, pero esto no es una reforma, como tampoco la participación del sector privado en el aseguramiento. Podríamos hablar de un ajuste necesario para no seguir en el último lugar de latinoamérica en seguridad social.

La reforma que ha dado a conocer Colombia es otra, mucho más ambiciosa, sobre la que tienen puestos los ojos muchos países y organismos internacionales. Es aquella que quiere financiar un seguro de salud a los colombianos sin recursos, a los campesinos, a los trabajadores informales, es decir a todos sin excepción, para que las instituciónes reciban efectivamente el pago por el servicio sólo si atienden su enfermedad .

Sin régimen subsidiado no hay verdadera reforma. Sin pagar el seguro de cada ciudadano pobre, para garantizar sus derechos a la atención en salud tampoco. Sin imaginación para extender el aseguramiento mediante subsidios parciales a los grupos informales igualmente. En suma, sin pasión, un beso no es beso.

Por ello las reformas requieren decisiones importantes y atrevidas, líderes capaces de llevarlas adelante, de enfrentar obstáculos, de luchar contra la inmovilidad y los beneficiados con el statu quo. Ya lo decía Nietzche: para construir un castillo hay que derribar un castillo.

Quienes desde ciertos sectores pretenden acabar el seguro de salud para los ciudadanos pobres de Colombia, deben anunciar públicamente que ellos también aceptarían quedarse sin un seguro de salud, pues de otra forma no están mostrando más que una actitud discriminatoria hacia la mitad de la población.

Y es eso precisamente lo que caracteriza a Latinoamérica, la indolencia frente a las necesidades básicas de garan parte de sus habitantes. Países donde sigue siendo posible hacer una ley que garantice la seguridad social a la mitad de la población y que se la niegue a la otra mitad. Una especie de racismo social profundamente arraigado que se disfraza con razones económicas.

La comparación de las oportunidades reales que las diferentes personas tienen en una sociedad, es definida como la libertad de bienestar por el nuevo premio nobel de economía, Amartya Sen. Sin garantizar el acceso real de todos los ciudadanos a la nutrición, la educación y la salud no puede hablarse de igualdad de oportunidades en una sociedad de libre mercado. No puede hablarse de libertad.

 


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