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La tragedia de los haitianos, una vergüenza para la humanidad

La solidaridad expresada por la gente del común, a lo largo y anvho del mundo, frente a la horrible situación en que se encuentra la población haitiana, una semana después del terremoto, contrasta enormemente con la inoperancia de los organismos internacionales y los gobiernos de las potencias y no potencias.

Como la gente del común no puede traducir sus deseos de ayuda al pueblo haitiano en acciones concretas, pues depende de los gobiernos, los organismos internacionales y otras organizaciones de ayuda, acaba observando como la inoperancia de todas las organizaciones gubernamentales y no gubernamentales deja morir de sed, hambre y falta de atención médica a miles de haitianos.

Cabe preguntarse, en primer lugar, por qué hemos llegado a los comienzos del siglo XXI sin que los gobiernos del mundo hayan creado una organización internacional que sea capaz de operar realmente ante la tragedia de cualquier pueblo, con recursos y autoridad suficiente, para que las víctimas de grandes catástrofes, que se repiten sin cesar en una u otra latitud (terremotos, volcanes, sunamis, inundaciones, sequías) no dependan únicamente de las "acciones bondadosas" de algunos gobiernos.

Imaginemos por un momento que una dependencia de la ONU tuviera el mando automático para la coordinación de la ayuda internacional en cualquier catástrofe y recursos previamente aportados por todos las naciones, en proporción a su PIB, para operar agilmente. Imáginemos que este organismo internacional hubiera planificado con anterioridad la preparación de los equipos internacionales de ayuda, por ejemplo, de esta forma:

Los países de Norteamérica, con los equipos para garantizar los transportes aéreos y marítimos y terrestres, incluídas las acciones de ingeniería para hacer permeables rápidamente puertos, aeropuertos, puentes y carreteras, de modo que garantice el acceso lo más rápido posible de los equipos internacionales hasta las víctimas para todas las demás acciones.

Los países de Europa Occidental, con la misión de instalar y organizar organizar rápidamente los hospitales de campaña, el transporte y atención de heridos fuera de la zona de catástrofe y todas las medidas sanitarias necesarias.

Asia continental  con la misión de garantizar los campos de refugiados con garantía de techo, cama, ropa y alimentación para los habitantes que lo requieran durante el tiempo de la catástrofe.

Asia Insular con la misión de organizar y garantizar la energía eléctrica y las comunicaciones para la cobertura completa de la catástrofe

Los países de medio oriente con la misión de garantizar el suministro y distribución de combustibles de todo tipo para atender la catástrofe y organizar sistemas de transporte provisionales para los ciudadanos.

Europa Oriental con la misión de recuperar el suministro de agua potable y garantizar la distribución provisional del líquido, así como los equipos de control de incendios en los casos necesarios.

Los países de Sudamérica con la misión de coordinar las acciones de rescate y transporte de víctimas en la zona de catástrofe

Centroamérica y el Caribe con la misión de distribuir y garantizar alimentos básicos para la población en sus hogares.

Africa con la misión de proveer traductores para todos los equipos internacionales y cobertura de los medios de comunicación

Los países de Oceanía con la misión de garantizar una manejo digno de las víctimas y el apoyo sicológico a los familiares.

En fin, cada región con cuerpos organizados y preparados para cumplir de inmediato su tarea en cualquier parte del mundo

Finalmente la seguridad y el apoyo al gobierno local debería quedar exclusivamente en manos de las naciones unidas y no de país alguno, para evitar suspicacias.

Se pudiera seguir pensando con el deseo y una lógica libre de la mezquindad que rige al mundo y a los países, por ejemplo para imaginar los procesos de reconstrucción igualmente coordinados, pero, en este momento, es mejor preguntarse el por qué este tipo de respuesta a las catástrofes de cualquier país no es posible.

¿Por qué las respuestas globalizadas no son posibles en un mundo "globalizado" donde para el capital y los intereses económicos si se han abierto las fronteras, en un mundo donde hoy es posible la comunicación con imagen y voz en tiempo real de todos sus habitantes?

La respuesta no puede ser más sencilla: por la misma causa que se globaliza el mundo y se abren las fronteras para el capital y no para los hombres. Los gobiernos  no responden al interés de los ciudadanos sino al interés estrecho de los grupos de poder en cada uno de los países. Por la misma causa, los gobiernos no actúan internacionalmente en estas y otras circunstancias como lo desearía la gente del común, sino conforme a las limitaciones que les imponen los intereses económicos y políticos de los grupos de poder. Las desigualdades e inequidades que opera entre grupos sociales al interior de los países se reproduce con mayor fuerza entre países.

Independientemente del concepto de equidad social, de igualdad, de moral, de ética o de filosofía política que se maneje, el mundo globalizado, como toda sociedad, construirá paulatinamente unos valores éticos o normativos y unos derechos mínimos para los ciudadanos de la aldea global. Pero como este es un resultado histórico de cada sociedad, en el marco de relaciones de poder y de desigualdad del ordenamiento mundial, no se puede entender como una opción racional colectiva y  acabarán siendo fijados en función de crisis tan inhumanas como la que hoy sufre el pueblo haitiano, pero que ahora son más visibles en función del desarrollo tecnológico de las comunicaciones.

Cabe recordar con SEN que los derechos, por otra parte, si bien se establecen jurídicamente o adoptan en cada país en un periodo determinado, no se derivan de la legislación nacional e internacional: “Los derechos humanos pueden ser vistos como demandas primordialmente éticas. Ellos no son mandatos principalmente ‘legales’, ‘proto-legales’ o ‘legales-ideales’. Aunque los derechos humanos puedan, y con frecuencia lo hacen, inspirar la legislación, éste es un hecho posterior, más que una característica constitutiva de los derechos humanos”.[i]

La ética impone límites a la organización social. “No puede ser considerado “normal” y por tanto “no modificable” en la sociedad global, lo que era y ya no es aceptable por muchas sociedades del mundo. Los valores éticos y morales se modifican con el tiempo y con los cambios sociales en el mundo global.  Por ello el racismo, la esclavitud, el sometimiento de la mujer, etc, que fueron aceptables en un tiempo no lo son ya. Igual sucede con la desnutrición de los niños, la inasistencia sanitaria o la desprotección ante las catástrofes.

La construcción de los derechos es un proceso dinámico, constituye un permanente proceso de transformación social a través de la historia. Cada bien o servicio que unos hombres logran es deseado por otros, por ser posible en ciertas condiciones. (el alfabetismo, la vivienda propia, el agua potable, la televisión o el teléfono celular). Igual sucede en servicios de salud o en servicios de atención de emergencias y desastres.

En este sentido la sociedad construye día a día nuevos valores normativos en el sentido de ideales a alcanzar en términos de calidad de vida o salud. La “normativa” de referencia puede identificarse como el mejor de los resultados observados, o el máximo biológico posible, contra los cuales se comparan el resto de los individuos, grupos o países. De esta forma la esperanza de vida superior, la mortalidad infantil inferior o la supervivencia por atención adecuada en las emergencias, alcanzada en unos países, se torna referencia normativa para los demás.

La desigualdad en el acceso a bienes o servicios (u oportunidades) constituye desigualdad social. Tal desigualdad se mide ineludiblemente por la sociedad sobre una escala ética. Si la sensibilidad ética sobrepasa ciertos límites, se hace un llamado en términos de derechos, es decir se modifica el valor normativo por vía de una nueva norma legal y se erige un nuevo derecho.

La valoración ética surge con posterioridad a la evidencia de las graves consecuencias de las desigualdades y resulta difícil encontrar una evidencia más grande de la miseria de la humanidad que el terremoto de Haití, donde los ciudadanos del mundo pudieron observar con claridad la respuesta desorganizada de los gobiernos, la mezquindad de las fronteras y las graves consecuencias en hambre, muerte, dolor, enfermedad, discapacidad y pobreza, originadas no por el terremoto sino por la situación de desigualdad e inequidad mundial, sin las cuales los efectos habrían sido sensiblemente menos graves y dolorosos.

Si tan grave evidencia de la miseria humana no genera cambios en términos de equidad y en términos de la obligación de los países de construir una organización global con capacidad de respuesta ante las catástrofes en cualquier parte del mundo, todos los ciudadanos del mundo estaremos desprotegidos, incluso los de los países más poderosos, como lo demostró recientemente la tragedia de New Orleans. Quedaremos expuestos a la tragedia, el dolor y la muerte,  y a la respuesta inoperante basada en la buena voluntad de algunos gobiernos y el apoyo de algunos miembros de la farandula.


 

[i] Sen Amartya 2004. Elements of a Theory of Human Rights. Philosophy and Public Affairs. Blackwell Publishing inc. 2004.

 


Enero de 2010

 

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